TOTUS TUUS, MARIA !

EL TEMPLO DE MARÍA

Consagración total como santa alianza

entre nuestra alma y la Santa Virgen María



OFRENDA DE NUESTRO SER A MARÍA,

LA SEÑORA DE TODAS LAS ALMAS

 

por Myriam van Nazareth

Este manifiesto se ofrece a la Santísima Virgen María,

la poderosa Señora de Todas las Almas

 por la vocación de muchos servidores para la fundación del

Reino de Dios en la tierra


CONTENIDO

  3. En qué se basa el poder de María?
  4. Por qué consagrarnos a María?
  5. Como ocurre la consagración a María?
  6. Consagración a María como estilo de vida y misión en la vida
  7. En qué consiste nuestra tarea como consagrados a María?
  8. Requisitos básicos para una fructífera consagración a María
  9. Qué valor tiene la consagración a María?
10. En qué consiste la completa aplicación de la consagración total a María en nuestra vida cotidiana?
11. Condiciones para una verdadera consagración a María
12. Celadas a los consagrados de María
13. Cuál es la ideal consagración a María?
14. Qué nos entrega María a cambio?

CAPÍTULO 2 – LA VIDA COMO CONSEGRADO DE  MARÍA, EXPRESADA EN IMÁGENES

1. La vida como consagrado considerada como la vida en un templo
2. La vida como consagrado presentada como el templo y el vergel
3. La consagración, vista como la reconstrucción del templo
4. La vida del consagrado, contemplada como un fuego
5. La vida como consagrado, vista como una invitación a la fiesta de María
6. La vida del consagrado, considerada como la escuela de María
7. La vida del consagrado, vista como el recorrido de un camino
8. La vida del consagrado, considerada como la repetición de la Pasión de Jesús
9. La vida del consagrado, considerda como un sembradío

CAPÍTULO 3 –  LAS MAGNIFICENCIAS DE MARÍA, ESPEJO DEL PODER DE DIOS

  1. Inmaculada Concepción
  2. Esposa del Espíritu Santo
  3. Madre del Mesías
  4. Eternamente Virgen
  5. Madre de los dolores
  6. Corredentora
  7. Madre de todos los seres humanos         
  8. Reina del cielo y de la tierra
  9. Puerta del cielo
10. Mediadora de todas las gracias
11. Intercesora ante Dios
12. Terror de los demonios
13. Tabernáculo de la Santísima Trinidad
14. Puente entre cielo y tierra
15. Madre del perpetuo socorro
16. Reina de la paz
17. Portadora del poder de Dios
18. Señora sobre tentación y pecado
19. Señora de todas las virtudes
20. Señora de todas las almas

MEDITACIÓN FINAL
 
Aspecto general del convenio santo de la consagración a MARÍA

* Consagración a María= la total ofrenda en sacrificio de nuestro ser a la Santísima Virgen María, a Quien se ha confiado la conducción de la fundación del Reino de Dios en la tierra y que nos prepara para ello en la utilización de todas las ofrendas en sacrificio, que serán depositadas en Sus manos por las almas humanas mediante una total consagración. A través de María quiere Dios desterrar a Satanás del mundo y edificar el Reino para el cual Jesucristo derramó la primera simiente. María quiere realizar esto mediante el fruto conjunto de Su poder insuperable y la cooperación de las almas humanas. Por eso solicita la total consagración de las almas que estén dispuestas a una vida a Su servicio.

* Mediante una vida consciente como consagrado(a) a María le entregamos:

    • toda nuestra vida, pasada presente y futura, todas las experiencias de nuestra vida cotidiana, (aún las más insignificantes);

    • todas nuestras acciones, palabras, pensamientos, sentimientos, deseos, afanes, dolores, aflicciones,  cargas, pruebas, enfermedades, cansancios, miedos, heridas, inseguridades, dudas y nuestra libre voluntad (la voluntad de María es la nuestra);

    • nuestro ser completo: alma, espíritu, corazón y cuerpo;

    • todas nuestras relaciones y nuestro trato con las personas y con todo nuestro entorno (también nuestras propiedades y objetos de uso);

    • todas nuestras oraciones, sacrificios, actos de penitencia, mortificaciones.

* María puede utilizar todo lo anterior para la consumación de Su misión para la salvación de las almas. Dios le ha dado el poder transformador absoluto: el poder de transformar todo lo que es negativo, o que sea experimentado como negativo, en gracias y fuerzas curativas y santificantes. Así Ella realiza la santificación, limpieza, purificación, y conversión y actúa como fundamento para un nuevo mundo: el Reino de Dios del amor, la paz y la felicidad en la tierra mediante la transformación de toda tiniebla en luz, todo odio en amor, toda enfermedad y toda muerte de un alma en una resurrección. Para dar una imagen de esto: En nuestro primer acto de consagración María nos acoge en Su regazo, nos carga y nos alimenta y nos hace nacer como el fruto de Su obra para una vida a Su servicio. Nosotros somos en el sentido espiritual Su posesión y propiedad y debemos estar dispuestos a dejar ser utilizados por Ella según Su complacencia.

* Condición absoluta para la realización de las obras de María es la consagración ininterrumpida  de nosotros a Ella, de todas nuestras experiencias  y todas nuestra constitución de cuerpo, de pensamientos y sentimientos a cada momento del día. Si nos perdemos de esto estamos llevando una vida infructuosa.

* María se manifiesta en estos últimos tiempos a través de Myriam van Nazareth como “Señora de las Almas, que quiere consumar el plan de salvación de Dios para las almas y solicita de nosotros tres cosas:

    • ardiente amor a Dios, a Ella y a nuestros semejantes;

    • aceptación y consagración de todas las cruces en el camino de nuestra vida;

    • perfecta obediencia hacia Ella y sumisión a Ella.

Entre más almas se consagren a María, vivan esa consagración realmente aplicada en la práctica, y cumplan con estas tres  peticiones, más rápidamente y más a fondo desplegará María Su poder para la definitiva paralizació de todo el mal y la edificación del Reino de Dios en la tierra.

La consagración a María es una santa alianza entre María y nuestra alma. Como consagrados a María establecemos también una gran responsabilidad sobre nosotros.

  1. Nuestra consagración debe ser total, incondicional y eternamente duradera. Desde el momento en que le retengamos algo de nuestra vida a María (desde el momento en que nosotros mismos queramos seguir gobernando o regulando) no estamos consagrados de un modo ilimitado.

  2. La consagración significa reconocimiento de que María es y será la única y absoluta Señora de todo nuestro ser y de toda nuestra vida. Ella hace presente en todo a Dios en nuestra vida.

  3. La consagración presupone nuestra fe, para poder poner practicar nuestra consagración en palabra y obra, a cada momento de nuestra vida y cumplir así estrictamente con nuestros deberes. No ofendamos nunca a María ni a Dios obrando con ligereza en el cumplimiento de esta santa alianza.

  4. Como consagrados hacemos la promesa de vivir estrictamente según las reglas de la doctrina de Cristo y en la fe en los dogmas de la iglesia católica- romana.

  5. Como consagrados hacemos la promesa de vivir cada instante de la vida siendo conscientes de que María es la Señora de todo nuestro ser, es decir también de nuestro cuerpo, nuestros sentimientos y pensamientos, y que velaremos al detalle por la preservación de su pulcritud y su pureza. No olvidemos nunca que como consagrados a María somos soldados de María y con ello nos concierne directamente la lucha contra el maligno. No podemos combatir contra los vicios, si ellos se proliferan en sumo grado en nosotros mismos.

* El consagrado a María vive exclusivamente en todo a través de, para, y en María:

    • A TRAVÉS de María: Él renacerá de María en su consagración.

    • PARA María: Toda su vida está totalmente al servicio de Ella.

    • CON María: De él se supondrá que en todo incluye a María en su vida cotidiana.

    • EN María: en el hecho de que al aspirar a la perfección en todas las virtudes, le da a María la facultad de modelarlo, de formarlo, de transformarlo de modo que cada vez más “se desborde en Ella”.

* Dios ha designado a María a ser Señora de las almas y le ha dado todo Su poder sobre la humanidad. Precisamente por ello Él desea la consagración total de las almas a Ella, para que Ella pueda desplegar ilimitadamente Su poder. La consagración total como entrega perfecta de nosotros mismos a María, es el más alto testimonio de honor que podemos brindarle a la Señora de ls almas. Dios solicita en estos últimos tiempos una perfecta entrega a María.

Por esta causa estoy haciendo un llamado a usted para una consagració total a María, y para la enseñanza a su prójimo para que él también conozca la necesidad y la sanación de su consagración total a María.

* El objetivo final de la consagración total a María es éste: la salvación y bendición de la redención para la humanidad entera y la santificación de nuestra alma.

 

Laudate Mariam!

(Alabada seas María)




TOTUS TUUS, MARÍA!

(Te pertenezco totalmente, María)


CAPÍTULO 1 

ENSEÑANZAS SOBRE LA TOTAL CONSAGRACIÓN A MARÍA

1. El papel de María en la historia de la salvación

Dios ha creado al ser humano con la intención de que lleve una vida santa. La primera pareja humana sin embargo, cedió a las insinuaciones de Satanás, de ser desobedientes a Dios. El primer pecado de la humanidad fué llamado pecado original: el veneno de Satanás fué derramado en el alma del primer ser humano y hubo de impedir que todas las siguientes generaciones vivieran a imagen y semejanza de Dios. Se puede decir que la pureza planeada por Dios en el alma humana se alejó de las almas por causa del pecado original y que la impureza se “siguió heredando” en las almas de generación en generación. En lo sucesivo sólo se podía santificar el ser humano hasta que recibiera el sacramento del bautismo y supiera borrar de su alma la huella de la mordida de la serpiente infernal mediante una vida en concordancia con la voluntad de Dios: en una vida de verdadero amor, de pureza y de todas las virtudes.

El pecado original y la serie sin fin de pecados que los seres humanos siguen cometiendo, han depositado en la humanidad una deuda que crece constantemente ante la justicia divina. Esta carga de deudas ha causado un grave desequilibrio en la creación. Este desequilibrio es la causa de todas las miserias que podemos ver a nuestro alrededor: guerras, luchas, peleas, desamor, hambre, pobreza, catástrofes de la naturaleza y un aumento constante de deformidades de todos los pecados y vicios. El maligno obtiene cada vez más dominio sobre la humanidad, porque ésta con sus pecados le otorga más poder. Cada pecado de un ser humano refuerza el dominio de Satanás sobre la humanidad como un todo. Por eso vivimos tiempos oscuros. Las tinieblas en las almas nunca han sido tan malignas como ahora. La última lucha entre los poderes celestiales y los poderes del mal se está efectuando a nuestro alrededor.

Dios ha predeterminado a la santísima Virgen María como la vencedora sobre Satanás. A Ella se le otorgó todo poder para encadenar a Satanás. Ella es la elegida que había de dar a Jesús, la Luz del mundo,  a los seres humanos, para depositar las raíces del Reino de Cristo en la tierra. María es la elegida de Dios, para someter a Satanás (como nos dice la Biblia: Ella es la mujer que aplastará con Sus pies la cabeza de la serpiente). María fué el úinico ser humano concebido sin mancha, lo que significa que Su alma no lleva en sí el pecado original. De Ella había de nacer Jesucristo, el Hijo de Dios, para redimir a la humanidad con Su pasión y Su muerte en la cruz de la condena eterna como consecuencia del pecado original. Para que la obra de la redención de Jesús sea aprovechada por nosotros, es necesario que sigamos a Jesús en nuestra vida: debemos creer en Su palabra como única verdad de Dios e imitar Su vida terrena lo más posible, al aspirar a la perfección en todas las virtudes (amor, pureza, honestidad, sinceridad, tolerancia, disposición al sacrificio, disposición al perdón, paciencia, confianza, alegría de ánimo, apacibilidad, etc.) y en el hecho de aceptar amorosamente nuestras cruces diarias (las cargas diarias, pruebas, fracasos, dolores, enfermedades, aflicciones, desánimos). Así pagamos nuestra propia eterna bienaventuranza en el cielo y ayudamos a pagar la carga de deudas de la humanidad entera, a doblegar el poder del maligno y con ello limpiar al mundo de toda miseria.

La Santa Virgen María ha recibido el poder de consumar la obra de redención de Cristo en el mundo y desterrar del mundo definitivamente a Satanás, pero esto sólo lo puede hacer en la medida en que las personas se lo pidan mediante la oración ferviente y la ofrenda en sacrificio de toda su vida. Por qué? Porque Dios respeta siempre la libre voluntad de la persona.  Una persona que pide de Dios y de María la liberación de todo mal pero que no reconoce sus pecados y vicios, no puede esperar ninguna acción de Dios o de María en su vida, a menos que sea mediante un grande milagro de misericordia divina. También ocurren estos milagros, sobre todo por el poder ilimitado de la intercesión de María.

Nuestra propia felicidad y la del mundo entero se encuentra, por ende, en las manos de María. Para la persona que desea la eterna bienaventuranza después de esta vida, y en la tierra un mundo de paz, de amor y un mundo sin miserias, Dios ha previsto un camino dorado en forma de la consagración total a María de la vida entera de esa persona y de todo lo que posee; pues Ella es el camino elegido por Dios para la liberación total.

2. Qué es la consagración a María?

Por motivos que encuentran sus raíces en el papel de María en la historia de la salvación, es evidente que todas las personas se deberían de poner al servicio de María, para ayudar a darle al Reino de Cristo una forma firme para ser dado a Dios a través de María. Esto sólo lo podemos hacer, consagrándonos nosotros mismos y consagrando nuestra vida a María.

La total consagración a María significa, darnos nosotros mismos, para que Ella nos guíe hacia la bienaventuranza y por la ofrenda de nuestra propia vida pueda llevar gracias a las almas. Ella puede hacer esto porque ha recibido de Dios el poder total para transformar los sacrificios y pruebas que son consagrados a Ella, en manantiales de salvación  y de liberación para la humanidad: María ha sido revestida con el nuevo poder creador de Dios Mismo. Para poner toda nuestra vida con todos sus sacrificios al servicio de María, tenemos qué expresar nuestra disposición; pues como se ha dicho: Dios le ha dado al ser humano una libre voluntad y no actúa sobre ella, a menos que sea por un expreso pedido y oración de la persona. 

En cuanto nos consagramos a María, le pertenecemos completamente. A partir de este momento la acogemos expresamente como nuestra Señora. Todo lo que somos, hacemos, pensamos, sentimos, deseamos y anhelamos es propiedad de María. Sólo entonces puede aplicar su ilimitado poder y hacer con nosotros lo que es necesario para nuestra propia salvación y para el rescate de otras almas. La fecundidad de esta ofrenda de nosotros mismos a María se determinará en la medida en que en la práctica apliquemos esta consagración realmente en todos los detalles de nuestra vida diaria. 

La total consagración es comparable con una boda. Para el cielo la alianza entre María y sus consagrados es santa. La consagración es un convenio, una santa alianza entre el consagrado y María. El consagrado le debe a María completa obediencia, sumisión, imitación y servicio. Esto significa una promesa, de ofrecer sin excepción todas nuestras oraciones, obras, acciones palabras, pensamientos, sentimiento, deseos, etc. a María. para que Ella los pueda utilizar para la purificación del mundo; pues a María le pertenece todo el poder de transformar las pruebas, sufrimientos y todo lo que a Ella se le ofrezca, en torrentes de gracia para la transformacíón de nuestro mundo.

3. En qué se basa el poder de María?

La Santísima Virgen María ha recibido de Dios el poder ilimitado sobre la realización de Su plan de salvación para las almas. Ya que Dios le ha dado al ser humano una libre voluntad, cada ser humano debe por voluntad propia poner de su parte para la acumulación de merecimientos, de los cuales resultan las gracias de las conversiones, de la liberación del mundo del dominio del maligno, y de la individual paz de corazón. Dios hace estas gracias en base a los infinitos y eternamente duraderos mereciminetos del sacrificio de la cruz de Jesucristo, complementados por los infinitos merecimientos de María, por los santos sacrificios de la Misa en todo el mundo, y por los merecimientos de todos los santos y todas las almas de buena voluntad. Sólo María posee el poder sobre la distribución estas gracias: Ella decide quién recibe cuáles gracias, en qué medida, en qué momento, por cuánto tiempo y en qué forma. Ella hace estas decisiones por cuenta propia basándose en la visión infalible que Dios le ha otorgado sobre el objetivo de Su plan de salvación y sobre las capacidades, cualidades y constitución de cada alma.

De este modo María tiene el control y la dirección de la organización del plan de salvación de Dios para las almas. Porque Dios le ha dado todo el poder sobre las almas humanas, María se manifestó a “Myriam” como “la poderosa Señora de las almas”. María dispone sobre todos los ángeles de Dios, para que ellos le den servicio en esta extensa obra y también busca en la tierra almas que se entreguen totalmente a Ella, para que mediante la ofrenda de cada detalle de su vida y de todos sus sufrimientos, cargas y pruebas se  llene diariamente el cofre del tesoro de las gracias. La total consagración a María significa: darnos a nosotros mismos y cada detalle de nuestra vida totalmente y sin ningún límite, como en una continua e ininterrumpida ofrenda en sacrificio. Ella posee el poder de utilizar todo nuestro ser, y cada acontecimiento de nuestra vida al servicio del plan de Dios. De cada sufrimiento que sea ofrecido expresamente  a Ella, hace una fuerza celestial,  mediante un misterio divino, fuerza que puede proporcionar  salvación y bendición a la creación. Por esta causa pueden llegar más bendiciones al mundo (y a nuestra propia vida) en la medida en que más almas se consagren totalmente a María y que su consagración la pongan estrictamente en práctica en la vida cotidiana. Ella es la llave de la puerta hacia el nuevo mundo: el mundo del Reino de Dios en la tierra.

Todo el poder sobre las gracias de Dios está en manos de María. Entre más almas se consagren a María, y entre más intensivamente la pongan en práctica en todos los detalles de la vida, más derrramará Ella las manifestaciones de Su poder en la humanidad. Por ello, la gran responsabilidad para la salvación de la humanidad, la verdadera felicidad para las almas y para el mundo, está en las manos de ellas mismas. La verdadera aplicación de la total consagración a María es el camino escogido por Dios para la liberación de toda miseria; pues donde María gobierna, no puede permanecer vivo el mal.

4. Por qué consagrarnos a María?

Porque María dispone sobre elementos del poder del Mismo Dios, y mediante su designación y su perfecta victoria sobre el pecado y sobre la tentación humillará al demonio bajo Sus pies; pues Dios la ha predestinado a aplastar la cabeza de la serpiente. Son las almas que se consagran a María, no en palabras, sino en actos, especialmente mediante la ofrenda de sus cargas, las que, siendo Sus servidoras, deberán postrar a Satanás bajo Sus pies. María es la portadora del poder de Dios y el puente entre el cielo y la tierra. Esto quiere decir, que Ella será presentada por Dios a la humanidad como espejo de Su poder y amor, que Ella dispersa todas las gracias provenientes de la fuente de Dios sobre las almas humanas, que las almas por Ella deberán llegar a Dios y que las almas le deben una profunda veneración y toda su confianza. Quien se entrega con todo su ser y con toda su vida a María, se coloca bajo la protección del más poderoso escudo contra el mal y llega a su “hogar”, en el sentido estricto de la palabra: la total consagración a María es la única puerta para descubrir y cumplir nuestra verdadera meta en la vida, prácticamente ponernos a disposición nosotros mismos para la realización del plan de Dios. La consagración a María es en estos últimos tiempos el único camino que puede darle sentido a nuestra vida.

5. Como ocurre la consagración a María?

Nuestra consagración a María ocurre cuando le decimos todos los días que queremos ser Su propiedad y pertenencia, le ofrecemos todas nuestras acciones, palabras, pensamiemntos, sentimientos, deseos y afanes, le pedimos todos los días que nos guíe en todo. Así mismo, aceptamos todas nuestras cargas, pruebas y sufrimientos, para ser utilizados por Ella para Su plan de salvación para un nuevo mundo: por el reino de Cristo en la tierra. Pues la consagración obra así: nuestro sufrimiento será PODER y LUZ en las manos de María. Cómo consagrarnos concretamente a María? La verdadera consagración se compone siempre de tres elementos, que deben obtener nuestra plena atención todos los días:

  • Sobre todo le decimos a María que nuestro deseo es ser de Su posesión y pertenencia.
    • La fórmula más simple es ésta: “Totus tuus ego sum, María” (yo te pertenezco completamente, María). Podemos decir esta fórmula (en latín o en nuestro idioma) varias veces en el transcurso del día desde lo profundo de nuestro corazón con verdadero amor y anhelo.

    • Es muy conveniente también decir cada mañana y cada noche:”María, a Tí te entrego mi ser, todas mis acciones, palabras, pensamientos, sentimienos, afanes y deseos, todas mis alegrías y todas mis cargas, por amor a Ti”

  • En segundo lugar le consultamos a María cada detalle nuestra vida cotidiana.
    • Digamos a cada prueba, cada carga, cada pena, cada cansancio y cada aflicción: “María, esto lo soporto por amor a Ti”

    • En todo lo que nos proporcione alegría (aún en algo tan simple como el perfume agradable de una flor), digamos: “María, yo te entrego esta alegría, por amor a Ti”

    • Al ponernos en camino, digamos entonces:”María dígnate ir junto conmigo por este camino y acompañar mis pasos”

    • Hablemos en nuestro interior con María; pues Ella desea ser parte de nuestra vida cotidiana. María desea, que nosotros la anhelemos ardientemente, a cada instante de cada día. Es el sincero deseo hacia María lo que abre nuestro corazón a recibir las gracias. Entre más hablemos a María en nuestro interior, más grande será el papel que Ella desempeñe en nuestras vidas. En cuanto este papel gobierne todo, Ella hará de cada uno de nosotros una persona nueva.

  • En tercer lugar debemos aceptar muy activamente, conscientemente y voluntariamente cada prueba, sin ninguna protesta, en profundo amor,  y debemos hacer de esa carga, que nos hace experimentar esa prueba, una festiva ofrenda. Para ello digamos: “María, yo te entrego este sufrimiento y mis sentimientos que resultan de él, por amor a Ti”. Esto es muy importante, porque precisamente esas pruebas y cargas serán los elementos básicos para la fundación del Reino de Dios en la tierra, siempre y cuando se acepten sin protesta y se consagren a María.

En la vida diaria nos acontecen frecuentemente influencias negativas: la agitacion del tránsito callejero, la insatisfacción o palabras negativas de las personas, diversas formas de desavenencia, intolerancia, competencia, diversas influencias impuras provenientes de la televisión, periódicos, comerciales, imágenes y declaraciones que contradicen a la doctrina cristiana y a la verdad de Dios, etc. Es importante que le pidamos diariamente a María una y otra vez, que purifique nuestro mundo sentimental, nuestro espíritu y nuestros pensamientos, nuestros deseos y nuestros sentidos. Pidámosle la gracia de que nos advierta de toda tentación y de toda impureza. Esto lo podemos hacer simplemente si le decimos frecuentemente: “María, vive en mí, consérvame limpio(a) y puro(a)”. Pidámosle que Ella dirija nuestros sentidos, para que sólo prestemos atención a lo que Ella quiere que veamos, que sólo escuchemos lo que Ella quiere que escuchemos, etc.

Así nos damos cuenta que la consagración a María no sólo consiste en la pronunciación de una oración de consagración, que por ejemplo se renovará cada año: la consagración total no es una oración, sino un modo de vida. Muchos piensan que están consagrados a María y sin embargo llevan en realidad una vida en la que María si acaso ocupa un papel (frecuentemente muy superficial) durante las horas de oración y no desempeña ningún papel en las demás acciones, palabras, sentimientos y pensamientos. Estas personas se engañan a sí mismas. La verdadera y total consagración a María sólo es posible en la medida en que llevemos una profunda vida sentimental en la que todo, hasta el mínimo detalle, lo compartamos con María.

6. Consagración a María como estilo de vida y misión en la vida

Ya hemos notado que la consagración a María en cuanto su forma, en realidad es muy simple: nosotros le prometemos a María todos los días que estamos dispuestos, aplicando todos nuestros haberes y todo nuestro ser, a trabajar para Ella. Una consagración sincera a María no se queda en palabras: un consagrado a María está realmente consagrado en cuanto dé aplicación práctica a sus palabras de consagración con cada fibra de su ser. La consagración total a María, si bien, comienza con una oración de consagración (un acto de consagración), es sin embargo infinitamente más que eso: nos podemos nombrar a nosotros mismos consagrados a María, en cuanto vivamos como consagrados a María: La verdadera consagración a María es un estilo de vida, que se basa en una vocación a través de María. Esto significa por consiguiente, que no tiene mucho sentido efectuar una consagración, cuando en nuestro corazón no advirtamos un deseo marcado de pertenecer a María, servirle en todas nuestras acciones y vivir para Ella.

Al mismo tiempo la verdadera consagración a María significa ceder a María todos los frutos y gracias por acciones, sufrimientos, sacrificios y oraciones, y no tener la inclinación a considerarlos como méritos nuestros. La verdadera consagración a María presupone un estilo de vida de renuncia a los intereses propios. El consagrado no pide: “María dame …” él dice “María yo te doy….” Las únicas peticiones que él formula son aquéllas en las que pide gracias para un semejante, para la humanidad como un todo y para la reparación hacia Dios y hacia María Misma. Los frutos de las peticiones los paga inmediatamente al ofrecerse él mismo como prenda por las gracias que pueda recibir: el consagrado le paga a María con el sacrificio de sí mismo y de sus cargas de la vida. Prácticamente nunca pedirá para sí mismo, a menos que sea (y esto es su deber) para el crecimiento de su propia alma (oración por el fortalecimiento de la resistencia a las tentaciones, por la superación de sus propias debilidades, etc.) Él no se formula preguntas sobre qué va a hacer María con su regalo; pues él confía totalmente en Su amor, bondad, sabiduría y poder. El consagrado le presenta al mismo tiempo a María sus manos, su espíritu, su corazón y su boca e incluso todo su cuerpo a Su disposición, y deja que Ella los use como a Ella le parezca, sin ninguna protesta.

Jesús Mismo dice en el Evangelio:
“No sóis vosotros los que me habéis elegido, sino yo os he elegido”. Lo mismo se aplica en la consagración a María: cuando sintamos un día el afán de consagrarnos a María, es porque Ella nos ha elegido para este camino. La total e incondicional consagración a María es una gran eleccción: es un llamado a una vida al servicio del plan de salvación de Dios para las almas, o sea una vida que inevitablemente nos acarreará muchas pruebas, pero entonces más merecimientos, siempre y cuando pongamos nuestra vida al servicio de nuestra consagración. Nunca decepcionemos a María. Como consagrados vivimos para el cielo. Tengámoslo en cuenta en todo lo que hagamos, pensemos, digamos y aspiremos.

Pensemos siempre: las necesidades de nuestra vida terrena nunca deben ser una meta en sí. Sólo las necesidades del alma cuentan. Si tenemos esto en cuenta, viviremos nuestra consagración a María como una misión en la vida, una tarea que da a nuestra vida sentido y dirección, una meta que deberíamos intentar realizar constantemente. No olvidemos ni un instante qué tan imoportante es esta tarea y en qué alto grado nos conduce a la imitación de Cristo: Dios ha elegido a María para dar a Luz a Su Hijo en la tierra como ser humano, educarlo y al final entregarlo mediante la pasión que aporta la redención a las almas. Al consagrarnos total e incondicionalmente a María seremos Sus hijos, como Jesús Mismo en la tierra fué Su Hijo. Entonces Ella nos educará, modelará y formará para ser santos, para que a la hora de nuestra muerte nos entregue a Dios con todos los sacrificios y pruebas de toda nuestra vida, y con ello derramar salud y bendiciones sobre las almas y conducirlas también a ellas a la eterna bienaventuranza en el cielo. Pidamos a nuestra Madre celestial la gracia que ella nos quiere dar, pero que sólo nos puede dar si verdaderamente nosotros la anhelamos: o sea la de poder ser realmente nuestra Madre. Recémosle diariamente: “María dígnate llevarme hoy en Tu seno y darme a luz como hijo Tuyo”.  Nuestra Madre celestial nos espera. Abramos nuestro corazón para Ella.

7. En qué consiste nuestra tarea como consagrados a María?

La total consagración a María es una tarea de toda la vida. Ésta consiste en que nuestro ser completo (nuestra alma, nuestra vida sentimental, nuestras ideas y nuestro cuerpo) totalmente se pone a disposición de la realización de los planes y obras de María, Quien tiene la conducción y dirección sobre el plan de salvación de Dios para las almas. Nosotros ponemos todas nuestras acciones, palabras, deseos, empeños y nuestra voluntad completamente a disposición de María. Con todo lo que somos, lo que tenemos y lo que producimos, aún lo que parece mínimo, María puede hacer grandes cosas. Es un misterio divino: María ha recibido el poder de transformar aparentemente cosas pequeñas y banales en grandes cosas. Por ejemplo: una sonrisa amable a un semejante se transformará en las manos de María en una fuerza de amor que puede llevar la redención a un alma en cualquier parte del mundo.

No debemos decidir sobre el valor de una acción o de una palabra, sólo Dios y María pueden hacerlo, debido a diversos factores: el valor de cada acción o de cada palabra es determinado por el estado de nuestro corazón mientras efectuamos esa acción, y por la pureza de nuestra alma en el momento de esa acción, a quién dirigimos esa acción (y bajo qué condiciones), por la intención con que la efectuamos y por el fervor y el amor con el que consagramos esa acción a María. Todo este conjunto lo determina también la medida en la que María refuerza la acción en Su corazón: Ella puede duplicarlo, multiplicarlo diez veces o más, etc. Después esa acción será confinada a la cámara del tesoro de las gracias divinas como “forma de pago” para franquear las gracias para las almas. Así, una acción aparentemente simple, efectuada por un alma santa,  con amor ardiente, con una intención que está totalmente dirigida hacia la realización de los planes de Dios, y consagrada con fervor a María, puede ser aumentada por María de tal modo que esa acción compra una gran gracia para un alma. Así comprendemos que nuestra tarea como consagrado consiste sólo y únicamente en la ofrenda a María de todo lo que somos, tenemos, hacemos, decimos, pensamos y aspiramos. Esta es una tarea que no puede terminar antes de que haya pasado nuestro último instante en esta vida.

La verdadera consagración a María es una vida de dar, nada más que un dar, sin beneficio propio. No pedimos prácticamente nada para nosotros mismos. Este “dar” acontece en diferentes formas: oración, sacrificio, penitencia, sufrimiento que es aceptado y llevado con amor, lucha activa contra todo lo malo, obras de apostolado para aliviar las necesidades corporales y espirituales de nuestros semejantes, la difusión de la palabra de Dios, promoción de la consagración a María, hechos y actos de reparación, etc. El más importante, y al mismo tiempo frecuentemente el más oculto elemento de nuestra tarea es el trabajo incesante en nosotros mismos, en nuestra propia santificación.

Este elemento de nuestra tarea es el más importante porque determina qué tan pura es nuestra alma para que María viva en ella, qué fructíferas son nuestras obras como consagrados (pues el fruto de las obras depende en gran parte del estado de santidad  del alma que efectúa esas obras; con todo y eso,  el “fruto” no es tanto el resultado visible, sino la fuerza de la gracia que  será puesta en vigor mediante una acción) y qué tanto poder poseemos para encender a otras almas con el verdadero fuego. Si consideramos nuestra alma como un templo, podemos entender que María, la más pura de las reinas, no tan fácilmente edificará Su trono en nosotros, mientras nuestro templo esté sucio e inhabitable. Nuestro templo estará sucio en tanto imperen allí muchos y grandes malos hábitos, y es inhabitable en tanto la vida en nuestro templo tenga  poca concordancia con los deseos de María; pues entonces nuestro templo es frío y oscuro. Tengamos esto siempre presente; pues nuestra tarea como consagrado total a María se encuentra en gran parte en el nivel del autoperfeccionamiento.

Luchamos contra:

Luchamos por:

EL REINO DE SATANÁS =

fuente de toda miseria en la tierra

EL REINO DE MARÍA=

el Reino de Dios de amor
y paz en la tierra

1. Odio 1. Amor
2. Discordia 2. Paz de corazón
3. Inquietud 3. Quietud en el espíritu
4. Ofuscamiento 4. Orden en el pensar y en el sentir
5. Miedo 5. Confianza, acobijamiento
6. Esclavitud hacia necesidades, lo material como centro de la vida         6. Verdadera libertad de corazón y espíritu mediante la orientación a las necesidades del alma
7. Impureza (cuerpo, espíritu, corazón, boca) 7. Pureza en el pensar, sentir, actuar y hablar
8. Soberbia 8. Humildad
9. Protesta; rechazo hacia pruebas, no aceptación de sufrimientos 9. Obediencia, entrega, aceptación de las pruebas y sufrimientos
10. Mentira y engaño 10. Honestidad y sinceridad
11. Sembrar desconfianza, inseguridad y desánimo 11. Dar esperanza y ánimo, calmar
12. Vicio (y fomento) del placer 12. Amor por el sacrificio y la renuncia

8. Requisitos básicos para una fructífera consagración a María

Para hacer realmente fructífera nuestra total consagración a María tienen qué ser llenados diversos requisitos. Los principales son seguros:

  1. Una gran capacidad para la práctica del amor al prójimo. Si no estamos dispuestos a ignorarnos totalmente a nosotros mismos, nuestra consagración será un fruto que ha nacido muerto. Como consagrados ganamos primeramente almas para el plan de Dios (de María) al proporcionar a todas las almas que nos encontremos en nuestro camino por la vida el más grande amor posible del que seamos capaces.

  2. Ejercer una gran disposición al sacrificio, fervoroso arrepentimiento y un gran deseo de reparación. Si tememos a las pruebas de nuestra vida, no soportaremos una vida de total consagración; pues la cruz inevitable será una dificultad y una carga, mientras que es precisamente con las cruces diarias con las que pagaremos las gracias y méritos de nuestra consagración.

  3. Una gran determinación y constancia en la aspiración a la realización del plan de Dios. Para ser fructíferos como consagrados, es necesario que estemos “poseídos” por este ideal: contribuir con todo nuesro ser y todas nuestras obras y palabras al plan al que estamos colaborando: la fundación del Reino de Dios en la tierra. Este impulso no debe abandonarnos nunca.

  4. Una confianza férrea y una fe imperturbable en María. Si nuestra fe en María no es total, no encontraremos nosotros mismos la motivacíón de servirle en todo. Si no tenemos una fe imperturbable en el poder incomparable de María y en Su amor perfecto, nos podríamos desanimar muy pronto. Debemos creer firmemente que María vencerá al mundo y que Ella lo hará en primer lugar en nuestro propio corazón y en nuestra alma. No presupongamos tan fácilmente que las oraciones permanecen sin ser oídas: muchas concesiones permanecen ocultas. Muchas veces la oración en una prueba no causa que la prueba nos sea quitada. Allí se esconde nuestro merecimiento. Lo podemos ver como sigue: Una prueba es frecuentemente como una espina en el corazón, que mediante el disgusto o la amargura hacia las cruces de la vida, se endurece a tal grado que nuestro corazón se aferra a ella, y ya no puede deshacerse de ella. María muchas veces no querrá quitarnos la espina sino ablandar nuestro corazón, para que la espina se suelte más fácilmente y se salga. A la prueba misma ni se le tocó, pero nuestro corazón se despojó de todos los sentimientos negativos. Este es el modo preferido de María de trabajar. Esta gracia va más allá que la de la liberación de la prueba: un corazón suave es capaz de superar mejor muchas otras pruebas.

  5. La firme voluntad de seguir a María como un ejemplo. María debe ser en todo tanto nuestra Señora, como nuestra guía y nuestra maestra. Su imitación debe ser nuestra verdadera meta. Sólo entonces se desbordarán realmente en nosotros Sus cualidades; pues entonces nos transformaremos en aquella persona que en nuestro corazón ardientemente deseamos ser. Tratemos de imaginarnos invariablemente como superaría María de manera práctica nuestras propias situaciones y de qué manera solucionaría nuestros problemas, si Ella como ser humano se encontrara con estos problemas en el sendero de Su vida. Seguir a María como ejemplo significa concretamente: esforzarnos, para que haga florecer Sus cualidades (amor puro e incondicional, pureza, humildad, apacibilidad, entrega, fe ciega…) en nosotros.

  6. Una gran capacidad de obedecer ciegamente. A María no le servimos de nada, mientras prefiramos satisfacer nuestros deseos antes que los de Ella. Ella debe contar con nosotros total y completamente. Como totalmente consagrados tomamos parte directamente en la lucha de la luz contra las tinieblas. No se puede ganar ninguna guerra con un soldado que en el frente no lleve a cabo las instrucciones sin titubear. No tomemos a la ligera nuestra responsabilidad; pues nuestros actos y palabras tienen una repercusión en la humanidad como un todo.

  7. La firme voluntad de ir hasta el extremo al trabajar en nosotros mismos. Nuestra fecundiday y combatividad como servidores y combatientes de María serán ante todo determinadas por la fuerza de nuestra alma. En nosotros descansa el santo deber de crecer sin cesar en todas las virtudes. Nuestro trabajo no puede desarrollar la fuerza necesaria para conseguir conversiones para el Reino de Dios, mientras no ajustemos cuentas con nosotros mismos y seamos suficientemente firmes como apóstoles de María.

9. Qué valor tiene la consagración a María?

La consagración total a María es el principio de una nueva vida. Es una alianza santa, un contrato, que cerramos con el cielo. De nosotros se esperará que lo cumplamos no sólo en palabras sino sobre todo en la práctica diaria y sin poner condiciones previas. Ante todos los seres humanos, María es la Madre celestial. En lo que respecta a Sus consagrados, Ella es la Señora soberana. Esto significa que nosotros le damos el absoluto y exclusivo dominio sobre nuestra vida y sobre todo nuestro ser. Si no hacemos esto, será imposible que Ella realice a través de nosotros las obras sobre las cuales Ella ha recibido la conducción para la salvación de las almas. Si nosotros no le damos luz verde a María totalmente y sin demora para que haga con nosotros y en nosotros todo lo que Ella quiera, poco podrá hacer por nosotros. No porque no tenga el poder para vencer nuestra resistencia, sino porque la ley de Dios dice que la libre voluntad de la persona se debe respetar. Esto es así porque el ser humano en su vida no puede tener méritos si Dios (o María) de por sí interviniera en la vida de esa persona sin que ella se lo pidiera. Por esta causa la iniciativa siempre debe provenir del ser humano. El consagrado debe hacer la expresa promesa de que María lo posee, que la reconoce como su Señora y que él solicita que Ella gobierne, acompañe y guíe su vida. Solo después de una tal promesa, que preferiblemente repetiremos diariamente en una consagración matutina o vespertina, y que debemos cumplir mediante concretos comportamientos en nuestra vida cotidiana, recibe esa consagración a María el valor que se le ha determinado.

Ya que María es la directora en la lucha contra el mal, siendo consagrados a María estaremos automáticamente integrados en esa lucha. Es de gran importancia que todos los consagrados a María se den la mano unos a otros y mediante las oraciones perseverantes, sacrificios, y pruebas y cargas consagradas, formen una cadena de luz, para encadenar al mal. La consagración total a María es la más perfecta imitación de Jesucristo, que también en la tierra llevó una vida de oración, pruebas y sufrimientos, con María como Madre Suya y Su perpetuo apoyo en la obra de la redención.

El valor de la total consagración a María es insuperable, ningún otro contenido en la vida se le puede comparar. La causa de ello se encuentra en el hecho de que la consagración a María constituye una vida activa de pruebas ofrecidas en sacrificio. Mediante una vida así tomamos parte activa y voluntariamente a la realización del misterio de redención en las almas, la continuación del sacrificio de la cruz de Jesús. Contribuir con todas nuestras actividades y en todas nuestras experiencias cotidianas de redención de las almas y de la expiación de las culpas de toda la humanidad ante la justicia divina, es a los ojos de Dios la vida más fecunda que podríamos llevar. Este completo valor lo podemos ahora realizar en la medida en que apliquemos nuestra consagración verdaderamente en la práctica, aceptemos con amor todas nuestras cruces y trabajemos constantemente en transformar nuestras debilidades en merecimientos. Las debilidades pueden llegar a ser fuentes de energía, si se ofrecen a María y mostramos nuestra firme voluntad de ser curados de ellas. Nuestra santificación está determinada ante todo por la manera en que manejamos nuestros lados débiles. En la práctica concreta de cada día esto significa que practiquemos con perseverancia una vida de virtudes, poniendo especial cuidado en las tentaciones a las que cedemos más fácilmente (aquellas a las que menos resistencia podemos ofrecer). Como normalmente las penas y las pruebas son las mayores fuentes de agobio a las que está expuesta nuestra naturaleza humana, conoceremos sobre todo en esos momentos de sufrimiento nuestras debilidades, y por lo tanto en esos mismos momentos podremos abonar los mayores progresos en la labor hacia nuestra propia persona.

La total consagración a María es una vida que requiere un crecimiento grande y continuo en el amor y en el amor al prójimo. Precisamente allí se encuentra la índole de su valor inigualable para Dios y para las almas; pues el amor es la fuerza impulsora de toda la creación, de toda redención y de toda santificación. El amor constituye la esencia de la propia fuerza de Dios. Por esta causa es la total consagracioón a María la estructuración más fecunda de la vida de un alma humana: nos podemos verdaderamente consagrar a María sólo desde el momento en que nos entreguemos totalmente a Ella. Esta perfecta y ferviente donación es el acto de amor más extremo que un ser humano puede brindar.

10. En qué consiste la completa aplicación de la consagración total a María en nuestra vida cotidiana?

En el momento en que nos hemos consagrado nosotros mismos a María surge la pregunta: Como debo organizar mi vida concretamente como consagrado a María? De nosotros se espera un gran y constante esfuerzo, para llevar en nosotros a su florecimeinto los siguientes siete puntos.

  1. Amor fervoroso. La total consagración a María es imposible sin un amor fervoroso a Ella y sin el amor al prójimo. Ella Misma va a hacer madurar ese amor siempre y cuando nosotros mismos lo solicitemos. La consagración total abre los canales para un total desbordamiento del más alto grado de amor. Esto aclara, entre otras cosas, por qué la total humillación a los pies de María puede despertar sentimientos de profundo éxtasis en el corazón. El puro y verdadero amor es la llave a la verdadera vida divina; pues el amor es la fuerza propulsora de toda la creación, la redención de las almas y su santificación. El amor ardiente es la condición para llegar a una verdadera imitación de María y de Jesús en nuestra propia vida. Cuando amamos ardientemente a alguien, el núcleo de todo nuestro ser deseará asemejarnos más a nuestro ser amado. En la medida en que más ardientemente amemos a María, Ella fomentará en nosotros el deseo de parecernos a Ella, y aún más, se desbordará cada vez más en nosotros hasta que de verdad no descansemos hasta seguir realmente Sus pasos.

    El amor es un fuego en nuestro corazón. Ese fuego debe ser mantenido mediante el aceite del deseo: en efecto, debemos desear una creciente capacidad de amar y pedírselo a María, especialmente durante cada prueba. Si este deseo se reseca, nuestro amor corre el riesgo de extinguirse. El amor profundo siempre será sustentado por el deseo hacia el ser amado. Entre mayor sea el deseo, más ardiente será el amor, y entre más ardiente sea el amor a María, más nos pondrá Ella en condiciones de amar también verdaderamente a nuestros semejantes; pues entonces depositará Su propio amor en nuesro corazón en la medida en que nosotros estemos dispuestos a acoger en nosotros este patrimonio.

  2. Pureza de corazón, espíritu y cuerpo. La pureza es la medida en la que nuestro comportamiento, nuestras palabras, pensamientos, sentimientos y deseos constituyen un reflejo de la santidad que Dios deposita en cada alma cuando comienza su vida terrena en un cuerpo humano. Un alma pura irradia la luz de Dios sobre su entorno, y esto en una dimensión más leal, entre más pura sea. María Misma fué la más pura de todas las almas creadas. Su perfección en la santidad y en todas las virtudes la ha hecho el más perfecto espejo de Dios, que jamás haya salido de las manos de Dios. María es la Lilia de la corte celestial, el símbolo de la pureza perfecta. Consideremos que una lilia no crece en un suelo sucio. Así, no podemos esperar que María viva realmente en nosotros mientras que no seamos suficientemente estrictos en aspirar a toda la pureza en acciones, pensamientos sentimientos y deseos. Si consideramos a nuestro ser como un templo, tengamos en cuenta cuán ofensivo sería para la Reina de la pureza si permitiéramos que ensuciara Sus pies pisando el suelo de nuestro templo, al estar éste cubierto de polvo y lodo. Precisamente es la pureza de todo nuestro ser el primer requisito para ser fecundo como consagrado total a María. Por eso María purificará primero nuestra vida interior para llenarla lo más posible de Sí Misma.

  3. Total autodonación. La más profunda índole de la consagración a María consiste en que nos entreguemos a María total y enteramente. Nuestro completo ser (alma, sentimientos, deseos, pensamientos y cuerpo) y todo lo que vivimos cada día serán entregados por propia voluntad nuestra como un regalo diario, del cual Ella hará una ofrenda para conseguir gracias de conversión y liberación de las almas del dominio del maligno, y de las devastadoras influencias del entorno terrenal. La consagración a María sería imposible sin una total ofrenda en sacrificio de nosotros mismos y de todos los momentos de nuestra vida. Sólo con los momentos, acontecimientos y actos ofrecidos puede Ella realizar el plan de Dios. Todo lo que no se ofrece, se pierde y permanece sin uso. Una ilustración proveniente de la agricultura como ejemplo: Sólo el trigo que se trabaja después de su colección puede servir como base para la fabricación de pan; si todos los agricultores dejaran el trigo en los sembradíos, se echaría a perder y ya no se podría hacer el pan.

    Por lo tanto: no dejemos nada tirado en el sembradío de la vida, cosechemos todo y pongámoslo en manos de María, para que sea utilizado para el pan de la vida (para las gracias). María es agricultora, molinera, panadera y ama de casa al mismo tiempo. Démosle no solamente el trigo (los componentes de nuestra vida) sino también el sembradío mismo (nuestro ser) para que Ella sea no sólo la Señora de los frutos, sino también del suelo. Así Ella se ocupará de que los frutos sean cada vez de mejor calidad, al trabajar incesantemente el suelo según Su gusto. La total consagración a María es el camino más efectivo para convertir en frutos nuestros talentos y dones recibidos de Dios. Podemos verlo así, que la total consagración a María se asemeja a una inversión de nuestro ser en un banco (María) que ofrece el mayor pago de intereses, de modo que nuestra inversión con Ella traerá los más altos dividendos. Al mismo tiempo tengamos en cuenta que la total donación en sacrificio de las almas constituye el único camino para erradicar la miseria del mundo.

    Un ejemplo: Las extensas hambrunas en África no se pueden eliminar definitivamente con ayuda material; la solución definitiva es de esperarse sólo del esfuerzo generoso de las almas de conseguir una compensación de la enorme deuda colectiva de la humanidad hacia la justicia divina; pues mediante esa enorme deuda ha venido a la creación todo un desequilibrio. El mayor valor para el pago de esa deuda yace en el total autosacrificio de las almas a María en total e incondicional consagración, para obtener la reparación para el gravemente ofendido amor divino. Queremos ver desterrada del mundo la miseria y la injusticia? Empecemos pues a contribuír la expiación de la grave carga del pecado por los siglos poniendo a disposición de María nuestra vida y todas nuestras pruebas. Si nuestra Madre celestial nos llama a ello alegrémonos y obedezcamos en gratitud, y la gracia de Dios nunca nos faltará.

  4. Total abnegación. Podemos realmente darnos a nosotros mismos y cada detalle de nuestra vida a María solo hasta que neguemos nuestros propios interses tanto como sea posible. Servir realmente a María significa efectuar todas nuestras acciones con una sola meta ante los ojos: la realización de Su (=de Dios) plan con la humanidad. La primera condición es que aspiremos a un incondicional amor al prójimo. Por ningún motivo debemos anteponer nuestras propias necesidades o deseos a los de María, que están relacionados con las verdaderas necesidades de la humanidad. La negación de sí mismo exige una gran autosuperación; pues no es natural que sintamos necesidad del cuerpo o espíritu y sin embargo nos preocupemos primero por María o por nuestros semejantes. Para poder negarnos a nosotros mismos es necesario que nos atrevamos a ser dependientes. Sólo hasta cuando satisfacemos nuestras propias necesidades sabemos que estamos abastecidos.

    En cambio, cuando por ejemplo tenemos hambre pero primero tratamos de averiguar si nuestro prójimo también tiene hambre, y si es el caso, ocuparnos en calmar su hambre antes de que hayamos tomado un trozo de alimento, entonces nunca sabremos si en el momento en que nuestro prójimo está satisfecho tendremos la fuerza de seguir actuando. Si ese riesgo lo corremos con amor y entrega nos estamos atreviendo a eso, a ser dependientes; pues entonces es posible que sólo nos sigamos sosteniendo con la ayuda de Dios, Quien puede actuar directamente o por medio de un semejante. Esto es abnegación: A pesar de los propios apuros, necesidades y deseos, no descansar hasta que sepamos que María y nuestro prójimo están satisfechos. Así vivieron también Jesús (Quien sólo vivió para redimir a la humanidad mediante Su total autosacrificio) y María (un sólo ejemplo: las bodas de Caná, donde le dijo a Jesús “No tienen más vino”. Ella tenía ojos sólo para las necesidades de Sus semejantes) Nunca olvidemos que María vivió en la tierra exclusivamente para el servicio del plan de salvación de Dios.

  5. Total entrega. Entregarnos a María significa que no nos opongamos más al modo en el que se reglamenta cada detalle de nuestra vida. Esto logra la total paz de corazón, porque se suprime toda nuestra resistencia interior contra la voluntad de María (que es la misma voluntad de Dios). La total entrega a alguien singnifica total confianza en el amor y el poder de ese alguien. La medida en que entreguemos ciegamente nuestra vida y todo nuestro ser a María será determinada por la confianza en el hecho de que Ella posee un poder infinito sobre nosotros y que Su amor a nosotros es tan total y tan puro que Ella sólo utiliza ese poder para nuestro bien. Vayamos a Ella con confianza y con paciencia; pues Ella arregla todo a la hora de Dios, es decir, cuando dentro del plan de Dios ello sea más fructifero. Cuando amamos a alguien verdaderamente con todo nuestro ser, la entrega no nos será difícil; pues entonces esperamos todo de ella o de él. Así debe ser nuestra relación con María.

    Cuando pensamos en la persona a la cual más hemos amado entonces sentimos tal vez de nuevo la dicha, el fuego, la perfecta confianza y el rompimiento de toda resistencia en nosotros cuando estamos (o estuvimos) con él o ella. Cuánto más fuertes deberán ser estos sentimientos si nos imaginamos que estamos en los brazos de María. En esos brazos estamos en cada instante de nuestra vida, solo que generalmente no lo sentimos ni lo vemos. Estemos con seguridad conscientes de que Ella nos lleva en Sus brazos, y dejémonos llevar por la felicidad de ese enamoramiento de enamoramientos. Nos sentiremos felices de que Ella guíe, dirija, regule y gobierne nuestra vida. Esta es la total entrega. El único camino para la total entrega a María es aquél en el cual entregamos a María cada segundo de nuestra vida y con ello aprendemos a darle sentido a cada instante de nuestra vida. Por medio de ello viviremos con más paciencia, conciliabilidad y aceptación respecto a todo lo que nos acontece, aún lo inesperado.

  6. Obediencia ciega y sometimiento. La obediencia ciega a la acción de María en nosotros significa , someternos a Ella totalmente. Básicamente esto resulta de que todo lo malo en nosotros lo sometemos al poder de María. En eso reside el arma más fuerte para quebrar la influencia de Satanás en nosotros. Cómo podemos obedecer cada día a María concretamente en la vida si (así como es el caso de casi todos los seres humanos) no escuchamos Sus palabras? Podemos hacerlo al reconocerla en nuestra vida como Señora de la providencia de Dios. Esto significa que todo lo que se presente en el camino diario lo veamos como proveniente de las manos de María: Ella nos procura todo lo bueno, y lo menos agradable lo permite, para hacernos crecer en nuestra alma. Obedecerla estrictamente significa entonces: aceptar todo, soportarlo con amor, y alabar a María por las oportunidades que con estos acontecimientos y ocasiones nos dá para hacer santa nuestra alma.

    La total obediencia hacia María es una fuente insuperable de paz interior, porque nuestra alma con esta obediencia sera fortalecida por Dios en la sensación de que se experimenta una unidad con Quien la gobierna. Para llegar a una obediencia ciega, y a un sometimiento a María tenemos qué pedirle que actúe en nosotros ininterrumpidamente. Sólo a nuestros ruegos entrará en efecto en nuestra alma y hará en nosotros todo lo que considere necesario. Su presencia dejará en lo más íntimo de nuestro corazón las huellas de Su propio ser, de modo que experimentaremos poco a poco el silencio de María y sentiremos sus instrucciones, y éstas las aceptaremos cada vez máas fácilmente; pues recibiremos la sensación de que nuestros propios deseos concuerdan con los de Ella.

    Obediencia ciega y sometimiento son caminos dorados hacia la verdadera paz de corazón y con ello a la santidad. No olvidemos jamás que éste es el objetivo final de nuestra vida en la tierra: la santificación, y tratar mediante una perfecta paz de corazón ser verdaderamente fructíferos para el Reino de Dios. Si deseamos ardientemente ser gobernados por María para solamente hacer lo bueno va a regir realmente en todo nuestro ser al guiar nuestro corazón por todos Sus deseos y mandatos. En la medida en la que aceptemos Su gobierno dócilmente y con ardiente amor, Ella nos regalará la verdadera paz. Este es el secreto de las almas privilegiadas que poseen la capacidad de aportar a nuestro corazón quietud, paz, felicidad y alegría cuando las vemos en el trabajo o simplemente cuando oímos su voz: Ellas están siendo gobernadas y dirigidas en el alma, en el corazón, en la boca y en el cuerpo por una fuerza proveniente de la fuente divina. Ellas pueden recibir esa fuerza de un modo duradero de María o de la Santísima Trinidad. Nosotros reconoceremos el origen de ello en la medida en que esa fuerza despierte en nosotros el verdadero amor o en que haga surgir en nosotros algo que nos estimule a la purificación de nuestra vida espiritual.

  7. Total autohumillación. Humillarnos ante María (o sea ante Dios; pues María es Su representante, revestida de Su poder) es el más alto grado de humildad. Esto significa estar conscientes de nuestra pequeñez y de nuestra necesidad de ser guiados en todo por María. A María se le ha concedido que sin Ella nosotros no podemos realizar nada, prácticamente que Ella es nuestra única fuerza y el motor de nuestra vida, nuestras acciones y nuestra voz. La autohumillación es el camino perfecto hacia la perfección, porque derrama la luz de Dios en nuestra alma y con ello despierta a la vida en nuestra alma la verdadera semejanza con Dios. El plan básico para esta semejanza con Dios se encuentra albergado en el germen de santidad que ha sido depositado en nuestra alma. Cada acto de autohumillación (por ejemplo hincarse profundamente ante María) derrama en el alma una fuerza divina, que ata con cadenas el poder de Satanás sobre el alma.

    Por esta causa la autohumillación será un manantial de paz interior. Si nos humillamos totalmente atnte María Ella puede llenar nuestro corazón con Su propio corazón y aumentará Su deseo de humillar a Satanás bajo Sus pies. Con cada autohumillación ante María, humillamos a Satanás, pues ve en ello un testimonio de nuestro sometimiento ante su Adversaria. Si damos testimonio de que queremos ser gobernados por María, testimoniamos automáticamente que queremos despojarnos del gobierno del maligno y del pecado. Nuestra autohumillación ante María es una alabanza a Su total poder como Señora de todo nuestro ser y de toda nuestra vida, y con esa alabanza aumentamos Su deseo de derramar gracias sobre las almas; pues todo el poder sobre las gracias de Dios descansa en Sus manos. La autohumillación es al mismo tiempo una gran fuente de la reparación. La acción de la reparación (reparación por todas las irreverencias y sacrilegios) es una de las tareas del consagrado. La incomparable dignidad de María es frecuentemente profanada por almas que se acercan a Ella de un modo irreverente o indolente. Ha sido revelado repetidas veces que Dios quiere que las almas humanas se arrodillen a los pies de María como Señora de las almas y le brinden la más profunda veneración, porque Ella es, después de Él Mismo, la única portadora de Su poder. Tratemos de cumplir este designio divino.

11. Condiciones para una verdadera consagración a María

La primera condición para poder servirle verdaderamente a María es la aspiración a una mayor pureza y santidad. Seamos puros de corazón (sentimientos puros, cristianos), en nuestro espíritu (pensamientos llenos de virtud, ninguna fantasía impura) y en nuestro cuerpo (castidad, moderación al comer y beber, renunciar en lo posible a los así llamados estimulantes como tabaco, drogas y alcohol). Nuestra consagración nos convierte en un templo de María, la más pura y la más santa Virgen. Procuremos que nuestro espíritu, corazón y cuerpo estén a todo instante dispuestos a un enlace santo con Ella.

María es perfecta, la flaqueza de esa unión radica en nuestra propia flaqueza. Por eso la fecundidad de nuestra consagración dependerá de nosotros. María puede consumar aquello que quiere realizar a través de nosotros, sólo en la medida en la que el alma esté dispuesta a acoger en sí Su acción. Esto significa en primer lugar la necesidad de una gran pureza y una gran capacidad de amar incondicionalmente.

En el momento en que nos consagremos a María, debemos cumplir en primer lugar con las siguientes condiciones en nuestra vida práctica diaria, para vivir realmente como consagrado a María:

  1. Desprendernos de nuestro pasado. Nuestra consagración a María puede llegar a ser vivida realmente en cuanto le relegemos a Ella nuestro pasado. Si consideramos a nuestra alma como un templo, nuestro pasado sería allí un cuarto cerrado en cuya la puerta se encuentra un letrero que dice: “Mi pasado”. En este cuarto hay polvo, toda clase de suciedad, material viejo e inutilizable, etc. De las grietas debajo y a los lados de esa puerta sale olor a podrido hacia el resto de nuestro templo: recuerdos negativos o dolorosos, que aportan a nuestra alma inquietud o discordia. El pasado no existe más, pero él vive en nosotros una vida individual mediante las huellas que ha dejado atrás en nuestro espíritu y en nuestro corazón. (nuestros recuerdos, sensaciones por experiencias anteriores…)

    Debido a que nuestro pasado sólo constituye una parte de nuestra pasajera vida terrena, no posee en sí ninguna importancia para nuestra vida eterna. El camino de nuestra vida no es otra cosa que una serie ininterrumpida de experiencias de las que debemos extraer enseñanzas para el desarrollo de nuestra alma. Cada una de esta experiencias es en sí insignificante: su único significado es el de una escuela. Lo que cuenta es nuestra vida hoy (el modo en el que hoy manejamos estas experiencias y las experiencias del pasado) y nuestra firme esperanza en el futuro. Para poder funcionar bien en el presente, en nuestra consagración debemos entregar a María antes que nada nuestro pasado. Le diremos:”María mi pasado y todo lo que ha quedado de él en mi espíritu y en mi corazón te pertenece sólo a Ti. Dígnate purificarme de él.” Entonces, Ella quitará el candado de ese cuarto y abrirá el cuarto. Ella limpiará el cuarto de toda basura, polvo y suciedad y los materiales inservibles, y por el hecho de haber entrado en ese cuarto y haberlo limpiado, éste adquirirá Su perfume celestial, de modo que de ese cuarto no afluye más que un aroma fresco que ya no nos molesta: seremos purificados de nuestro pasado.  Si alguien sigue viviendo con y en el pasado, no puede ser un verdadero servidor de María.

    Este hecho nos recuerda la escena que Jesús usó en el Evangelio: Quien quiera trabajar para el Reino de Dios, que ponga sus manos en el arado y no vea nunca más hacia atrás. La total consagración a María significa depositarnos en Su regazo de Madre y nacer de nuevo de Ella hacia una nueva vida. Significa separarnos de todos los apegos, así como de antiguas costumbres, y abrirnos a una vida sin patrones de vida bloqueados o costumbres fijas, en completa flexibilidad, siempre dispuestos a responder a lo que María quiere de nosotros. No olvidemos que ahora sólo vivimos para Ella y en Ella, y que Ella es nuestra Señora. Sólo Sus intereses cuentan ya. Entreguémonos a Ella totalmente y llenos de confianza y Ella se ocupará de todas nuestras preocupaciones. María desea vivir en nuestros corazones como un filtro, de manera que veamos todo (entre otras cosas nuestro pasado con todos sus traumas y recuerdos negativos) sólo a través de Su corazón. Así aprenderemos también a ver Su influencia aún en lo menos agradable, de modo que se nos haga más fácil despojarnos para siempre de viejas heridas y la consecuente amargura o el rencor. Este es uno de los caminos, a lo largo del cual María transforma nuestro corazón y nos regala una totalmente nueva paz interior.

  2. Mantener distancia hacia el mundo. El mundo (el conjunto de todas las influencias provenientes de nuestro alrededor en el sentido extenso de la palabra, o sea también la prensa, los medios, la publicidad, etc.) es el territorio de Satanás y por lo tanto embebido de impurezas de las más diversas formas. Satanás es el gran enemigo de María. Él ha recibido de Dios el permiso de probar a la humanidad y él lo hace con una gran desfachatez contra las almas, que se consagran totalmente a María, porque son esas almas las que la hacen ejercer Su poder aplastante contra Satanás. Él hace eso preferiblemente mediante las influencias de nuestro entorno y también porque influye en el estado de ánimo de nuestro espíritu y nuestro corazón. Él no deja de probar ningún medio para hacernos caer en la trampa, llevándonos a situaciones en las que nuestros puntos débiles salen a la superficie. En tales situaciones estamos más propensos a las tentaciones. Estemos siempre en situación de alerta, pues la vida en este mundo moderno está llena de seducciones. Satanás trata de un modo muy astuto, de alejarnos de Jesús y de María Seamos extremamente cuidadosos con la televisión, con las lecturas, con todo lo que veamos en y a lo largo de la calle, con las influencias impuras por parte de nuestros semejantes (desánimo, estados negativos, seducciones corporales, etc.)

    El mundo es el ámbito de las necesidades corporales, del materialismo. Las necesidades que deben de estar en primer lugar son las del alma. En tanto que respondamos a las seducciones de nuestro entorno y dejemos determinar nuestro comportamiento por lo que está pasando en el mundo, lo que oímos, lo que vemos, lo que hacen y dicen los demás y las necesidades que se presentan en nuestro cuerpo, nuestros sentimientos y pensamientos, que en muchos casos son necesidades aparentes, no estamos listos para un verdadero servicio a María. Las necesidades de nuestra vida en el mundo nos mantienen presos como una cadena. Por eso sucede que la alimentación, la sexualidad, las vestiduras y cosas semejantes constituyen necesidades poderosas que originan en no pocos casos verdaderas adicciones. Si nos entregamos totalmente a María, para ser verdaderamente Su propiedad y pertenencia, le ofrecemos la oportunidad de liberarnos s de esas cadenas. Dejemos ser a María la única Señora de nuestro cuerpo y de sus necesidades, y Ella tendrá el mundo en nosotros preso bajo Sus pies.

  3. Mantener distancia hacia nosotros mismos. Mientras nos aferremos a nosotros mismos, a nuestras necesidades y deseos y concentremos nuestro entorno en muchos puntos en nosotros mismos, no se puede hablar de total consagración. Es necesario que vivamos completamente y sólo para María, es decir, para la fundación del Reino de Dios en la tierra; pues esa fundación constituye la gran tarea de María en los últimos tiempos. Concretamente esto significa que como consagrados sólo vivimos para llevar a nuestros semejantes más cerca de Dios, sembrar en las almas la eterna verdad de Dios y trabajar con todas nuestras fuerzas para el triunfo de María en todos los corazones. Esto es posible sólo si nuestro corazón verdaderamenrte está dirigido hacia María y si estamos dispuestos a relegarnos a nosotros mismos y a nuestras propias necesidades al segundo plano de nuestra atención y de nuestros esfuerzos. La total consagración a María significa: darle a Ella todo nuestro ser y toda nuestra vida y entregarlos para Ella. No dijo una vez Jesús que no hay más grande amor que el de quien entrega su vida por los demás?

    La consagración total básicamente no es otra cosa que ésta: el consagrado le da su vida a María en el sentido en que le consagra toda su vida y todos sus esfuerzos.
    La verdadera consagración que será vivida en todas las circunstancias de la vida significa que el consagrado se olvida más y más de sí mismo. Mantener distancia realmente de sí mismo es sólo posible cuando nuestra corazón ha encontrado el verdadero amor. Por esto uno de las más necesarias oraciones de ruego es aquella por un fuerte crecimiento en el amor. Sin un amor fuerte no llegaremos a la abnegación que es necesaria para que nuestra consagración dé frutos. Es por esto que rezar para nuestras propias necesidades no es compatible con la consagración total. Debemos creer que nuestra total entrega a María la motiva a ocuparse automáticamente de nuestras preocupaciones. Mediante una consagració total seremos posesión y propiedad de María. Pues bien, María nunca deja que su posesión y su propiedad se pierda.

  4. Aceptación de nuestras cruces diarias. Nuestro sendero por la vida es semejante a un via crucis. Pruebas, aflicciones, dolores, enfermedades, cansancios, fracasos, cargas, heridas, decepciones, privaciones, hambre, sed, frío, miedo, inquietud, etc., todo esto es una cruz. Si consagramos a María todas esas cruces de nuestra vida en amorosa aceptación, ellas serán una fuente de gracias y salvación para nuestros semejantes. Esta amorosa aceptación y su consagración es una condición absoluta para una vida fructífera como consagrado a María. Así ayudamos a consumar la redención en las almas que fué hecha posible y comenzó mediante la pasión y muerte en la cruz de Jesús. Jesús redimió a las almas humanas por medio de Su muerte en la cruz.

    Cómo debemos entender esto? En la creación existe una especie de equilibrio, que se debe mantener: Dios desea una creación pura. Cada vez que s hay desviación de esa pureza mediante toda clase de impurezas, vicios y pecados (y éstos son innumerables, cada día de nuevo, en todo el mundo) deberá haber en compensación una forma de reparación. Esta compensación ocurre mediante la oración y sufrimientos ofrecidos (consagrados). Innumerables personas no rezan, no oferecen nada, no consagran (al contrario, maldicen a Dios porque creen que Él ha causado el sufrimiento) Con ello la “calidad espiritual” de la creación se atrasa fuertemente. Por eso es tan importante la total y perseverante contribución de los consagrados a María. Tengamos eso siempre presente. El misterio de salvación cristiano es un misterio de redención mediante el sufrimiento. El sufrimiento ofrecido (consagrado) del consagrado a María es la forma más pura de amor. Dios ha creado cada alma y desea tenerla, después de la vida terrena, Consigo en el cielo.

    El precio de un alma es infinito para Dios. Podemos medir ese precio con los inconmensurables sufrimientos que Jesús aceptó desde Getsemaní hasta el calvario. Mediante su Pasión ofrendada lleva el consagrado a María, almas que de otro modo se hubieran perdido, de regreso a Dios. Esto es amor puro a Dios y hacia el prójimo, siempre y cuando el consagrado ofrece sus sufrimientos explícitamente a María , con amor y sin protestar. El consagrado será entonces corredentor. Consideremos siempre cuando se nos presenten enfermedades, dolores, aflicciones o desgracias sean los que sean, que los podemos convertir en un medio de expiación de pecados (de nosotroas mismos o de los demás) bajo la condición de que ofrezcamos este sufrimiento a María, o a Dios a través de Ella. Consideremos todo lo que nos pasa, después de haber hecho nuestra consagración a María, como proveniente de las manos de María o como algo que está bajo Su control y Su poder. Con ello nos desacostumbraremos a cavilar, a protestar, a estar tensos por nuestras experiencias, etc.

    María es la Señora de la providencia de Dios: En cuanto recibe la oportunidad, dirige cada detalle de nuestra vida.  Entre más sacrificioas y pruebas le demos a María con amor, aceptación y entrega (sin protestar) más podrá Ella ejercer su infinito poder sobre Satanás. Cada protesta o cada insatisfacción proveniente de nuestro corazón retrasa la victoria de María y aplaza la fundación del Reino de Dios de la felicidad y la paz en la tierra. Si por cada prueba que se cruza en nuestro camino diario protestamos y rezongamos, no estamos contribuyendo a la salvación del mundo. De nosotros se espera una sola cosa: que cada momento de nuestra vida sea dirigido a la realización de los planes de María, no de nuestros planes; pues Ella quiere sólo nuestra felicidad eterna y la liberación del mundo. Cuando nosotros protestamos contra las pruebas en el camino de nuestra vida no damos servicio ni a María ni a Dios, sino a Satanás: pues ésto él lo ve como una resistencia hacia los planes de Dios y como rebelión hacia María como Señora de la providencia de Dios. No dejemos por lo tanto que se pierda nuestro sufrimiento diario: consagrémonos totalmente a María, practiquemos esa consagración con todo nuestro ser y aceptemos lo que Ella quiera mandarnos; pues Ella es la Señora de nuestra vida. Entonces nuestras cruces nos ganarán el cielo después de esta vida, rescatarán al mundo de toda miseria y glorificarán a Dios.

  5. Acercamiento amoroso a nuestros semejantes.  Como total consagrado a María se manifiesta nuestra tarea principalmente en nuestro trato con nuestros semejantes. Nuestra tarea consiste en el suministro de la “materia prima” de la cual María puede tomar para repartir entre las almas las gracias de Dios. Esta materia prima puede tomar diferentes formas: oración, penitencia, sacrificio, sufrimiento, pruebas, actos de sumisión y obediencia hacia María, actos de reparación, pero también directos actos de amor al prójimo.

De nosotros se esperará que representemos a María en nuestro entorno. Esto lo podemos hacer con palabras, con acciones, pero también con nuestro modo de ser: entre más intensamente vive María en nosotros, más será “tocado” nuestro prójimo por una irradiación que en realidad proviene de María en nuestro corazón. Esta irradiación puede aflorar hacia el exterior en forma de una suavidad en nuestra voz, el efecto curativo de nuestras palabras, el brillo de nuestros ojos o de nuestro rostro, la paz interior de nuestras acciones y cosas por el estilo.

Podemos hacer también muy presente a María en nuestro alrededor en la medida en la que nuestra completa presencia y nuestro trato con nuestros semejantes, les hace ver una fuerza “sobrenatural” que actúa en nosotros: Alegría de ánimo en todas las situaciones, la tendencia a no querer molestar a nuestros semejantes con nuestros problemas, una apacibilidad , que hace  derretir la frialdad interior y la tensión de nuestros semejantes, una disposición al servicio en completa abnegación, y no en último término, una gran capacidad de reconciliación y gran disposición al perdón. Quien deja que el rencor, el disgusto y la amargura eche raíces en sí, no puede hacer las obras de María.

Cuando un semejante nos ha lastimado, perdonémosle de todo corazón, abramos nuestros brazos y encerrémoslo en nuestro corazón. Así le quitaremos también de su corazón la tensión y le quitamos a Satanás el viento de sus velas: él no podrá utilizar a ninguno de los dos para su obra. Cuando un semejante nos ha lastimado debemos tomar en cuenta que es como un cuchillo que nos ha causado una herida. Pensemos entonces que ni debemos continuar viendo al cuchillo ni le debemos echar la culpa al cuchillo, sino que debemos ver la mano que dirigió al cuchillo: ésta es a fin de cuentas Satanás, pues siempre es él el culpable. Él es quien dirige el cuchillo. El cuchillo es el ser humano débil que cayó en la tentación de herirnos. Aprendamos a perdonarlo, como María perdonó a los asesinos de Su Hijo en el calvario.

A propósito, debemos tener en cuenta que no podemos servir a dos señores. Si nosotros nos hemos entregado a María, Ella es nuestra única Señora y debemos poner exacto cuidado de que nuestro comportamiento, nuestras palabras, pensamientos, sentimientos y deseos no estén más al servicio del maligno. Hagamos que nuestro comportamiento y nuestro completo modo de ser sean un tormento para Satanás tratando hasta el extremo de ser un espejo de María. Entonces derramaremos el bálsamo del amor en los corazones. Sólo así podremos ser realmente consagrados de María.

12. Celadas a los consagrados de María

La total y verdaderamente vivida consagración a María es una gracia inigualable y grande. Ella va a toparse con una gran resistencia. Consideremos siempre que María y Satanás son absolutamente contrarios uno del otro. Si nos hemos decidido por una vida exclusivamenter al servicio de María, estaremos expuestos a todos los posibles ataques por parte del mundo; pues los aspectos mundanos de la vida constituyen por excelencia el terreno de experimentos de Satanás. La consagración total a María es un estilo de vida que aleja no sólo a nuestra alma sino a muchas otras almas de la esfera de influencias de Satanás. De allí vienen las numerosas resistencias que son de esperarse. María tiene un poder absoluto sobre todo esto, así como sobre el mismo Satanás, pero nos aportaría más mérito el luchar con nuestros propios esfuerzos contra esas influencias, en perfecta colaboración con María.

En el libro de la vida que se abrirá en la página de nuestra vida a la hora de nuestro juicio ante el trono de Dios, está escrito cuáles son los merecimientos que hemos ganado durante nuestra vida en la tierra. En aquellos que hemos merecido en íntima consagración a María, ha sido agregado en letras doradas el nombre de María, por lo que esos méritos a los ojos de Dios reciben un múltiplo de su usual fuerza de atracción. Todo, todos los detalles de nuestra vida en los que hemos permitido a María tomar parte completamente, es para nuestra alma como una simiente de vida eterna. Por las innumerables resistencias que son de esperarse en nuestra vida como totalmente consagrados es preciso estar muy atentos. La vigilancia es en realidad el semáforo de nuestra alma: él pone en alerta al alma del peligro del “tránsito” en la dirección contraria y enseña así a reconocer ciertos peligros en su camino. Si nuestra vigilancia funciona bien cambia la luz roja a tiempo, y estaremos avisados que tenemos que estar atentos a posibles daños provenientes del exterior. Como total consagrados a María somos Sus servidores. No nos dejemos confundir; pues Satanás es tan astuto que puede hacer que trabajemos para él sin saberlo. En qué debemos tener cuidado?

  1. Consagración con bases erróneas. A primera instancia se consagran muchas almas con bases erróneas. Muy frecuentemente pasa esto en la esperanza de que al alma consagrada le irá “mejor” en el sentido mundano, al estar de allí en adelante bajo la protección de María. María defiende y protege en efecto a sus seriamente consagrados, pero esa protección no los libra de las pruebas, a menudo es al contrario. Como totalmente consagrados estamos llamados a una vida de autodonación, para la reparación del desequilibrio que se ha originado en la creación por los pecados interminables e incontables de toda la humanidad. Esta acción sólo puede efectuarse mediante esfuerzos: oración, penitencia, sacrificio. Aceptacion y consagración de toda clase de cargas y penas. Si nos consagramos a María para gozar de más comodidad en nuestra vida terrena y para ser portegidos de las pruebas, no hemos comprendido el fundamento de la total consagración. Nuestro comportamiento y nuestros afanes no deben de tener más motivaciones mundanas; pues la consagracion a María es una vida que sólo puede dar frutos en la medida en que seamos espirituales, es decir, en la medida en la que nos alejemos de las satisfacciones mundanas y no concentremos más todos nuestros esfuerzos en las necesidades materiales de nuestra vida.

  2. Pensar según las dimensiones mundanas. Como total consagrados a María debemos “aprender a pensar y a sentir de un modo sobrenatural”. Pensar y sentir según las dimensiones mundanas significa un modo de pensar y sentir en el que en primer lugar consideramos qué es lo que es de significancia para nosotros lo procedente del mundo, nuestra vida en el mundo y el mundo en nosotros, con lo cual nos dejamos llevar por el materialismo, la arrogancia, avidez de placeres, afán de poder y la exhibición de superficialidades (por ejemplo, aspecto exterior, aparente prosperidad o riqueza etc.) En este caso le damos también mucha importancia a la imagen que nuestro prójimo tenga de nosotros por esas superficialidades. Los acontecimientos y las circunstancias son en lo profundo generalmente otra cosa de lo que aparentan en la superficie.

    La apariencia de las cosas nos puede conducir a echar juicios, ya sea pronunciados, o ya sea en lo íntimo de nuestro corazón. Si aprendemos a pensar y a percibir “de un modo sobrenatural” aprenderemos a ver a través de la realidad superficial el núcleo verdadero de las cosas. Este núcleo es la realidad de Dios, que es la única verdad que sobrepasa frecuentemente las capacidades de nuestra percepción. Para ello debemos hacernos regularmente esta pregunta: No estoy basando mis juicios o mis percepciones demasiado ligeramente en lo que yo creo que debe ser o reconozco que este suceso o esta circunstancia tiene un significado más profundo?

    Pensar y percibir “de un modo sobrenatural” nos lo podemos imaginar como sigue: En todo lo que en un determinado momento hacemos o decimos, pensamos o sentimos, deseamos o aspiramos tratemos de imaginar que ya estamos viviendo en la bienaventuranza del cielo y desde allí volvemos la vista a ese determinado momento de nuestra vida terrena, y tratemos de sentir qué es lo que ocurre en nosotros (en el cielo) durante esa ojeada. Si la acción, el pensamiento, el sentimiento, la palabra, el deseo o el afán a lo que nos referimos ha sido realmente conveniente para nuestra alma, nos alabaremos en el cielo por ello; si eso fué inconveniente para nuestra alma nos arrepentiremos en el cielo por esa imperfección o nos arrepentiremos de que nos hemos perdidode hacer algo determinado en ese momento de nuestra vida. Entre más intensamente apliquemos nuestra consagración a María más profundamente ella puede “atraernos a Su propia realidad”: Ella nos enseñará a ver con Sus ojos, a sentir con Su corazón, a pensar con Su espíritu, a actuar con Sus manos, a hablar con Su boca y a querer y a desear con Su voluntad. Todo esto es “pensar, actuar y percibir de modo sobrenatural”

  3. Las influencias del mundo. Aquí se encuentra el gran campo de acción de Satanás. El mundo es una fuente inagotable de distracciones, engaños, seducciones, tentaciones, errores, fraudes y apariencias. Las influencias del mundo recaen en las grandes necesidades que el ser humano siente en su cuerpo y en su espíritu. En primer lugar se manifiestan en el materialismo (todos los objetos materiales que podemos comprar con dinero y que deben  cubrir las necesidades del cuerpo y del espíritu) en la sexualidad (toda forma de experiencias eróticas, de comportamientos que excitan los sentidos, imágenes , textos, incluso de vanidad, avidez de agradar, afán de ostentación y demasiada atención al cuidado de la belleza física) y en arrogancia. (la necesidad tan frecuente de sentirse más grande, mejor, más bello, más fuerte más inteligente o más valioso que el prójimo). En relación con la arrogancia debemos pensar en lo siguiente. La consagración a María es una decisión, bajo la condición de que en efecto se aplicará en la práctica todos los días. No nos dejemos caer en la tentación de considerarnos más que nuestros nuestros prójimo, que (aún) no ha recibido este llamado. Al contrario, recemos y hagamos ofrendas por que esa persona reciba la gracia de la iluminación y de la comprensión.

    Muchas influencias provenientes del mundo forman una combinacion de varias de esas expresiones. Sobre todo las necesidades a nivel del materialismo y de la sexualidad serán influenciadas conjuntamente. Este es el caso precisamente del mundo de la publicidad, en tiendas, en películas y programas de televisión. Por esta causa, haríamos bien en evitar esas influencias lo más posible, o defendernos de ello lo mejor posible. En lo que respecta a películas y medios ocurre además que esos medios  también son peligrosos por su tendencia a satisfacer las necesidades de relajamiento de las personas de un modo tan devastador y contaminador, que llenan el espíritu de imágenes, palabras e historias, que son vacías, carentes de significado, engañosas y falsas. Todas las influencias mundanas tiene esto en común: Crean una forma de entorno de vida, pensamiento y percepciones que no tienen nada qué ver con la única verdad y realidad de Dios, como está contenida en la doctrina de Cristo.

    Evitemos estas influencias tan resueltamente como sea posible. María no quiere que demos entrada a esas influencias en nuestra alma; pues ellas nos alejan (a menudo sin que lo notemos) de Dios. Considerémoslo como un veneno latente. Las influencias del mundo crean en realidad un mundo aparente: un mundo que no tiene qué ver nada con la realidad, con la que Dios planeó para las almas. Precisamente por esa causa esas influencias enferman nuestra alma. Recapacitemos pues, que no estamos impotentes ante ésto: las influencias del mundo pueden hacer tambalear un alma si esa alma está en gran medida enraizada en el mundo. Un alma que se ha despojado ampliamente del mundo le dá poco peso a aquello que le ocurre proveniente del mundo como para que realmente se vea paralizada o dañada con ello. Pongamos todos los vestigios del mundo en nuestro corazón y en nuestro espíritu a los pies de María mediante una consagración fervorosa, y Ella los aplastará con alegría y con palpable despliegue de Su poder.

  4. Discordia en el corazón, cuando pasan cosas que consideramos no cristianas o lo contrario de las virtudes. Toda discordia en nuestro corazón que tiene su orgen en el hecho de que no podemos estar de acuerdo con lo que un semejante hace o dice, incluso cuando esto ocurre por que este semejante claramente se encuentra en contradicción con la ley de Dios, equivale a los ojos de Dios a una protesta contra Su providencia, que ha permitido este acontecimiento  por una determinada causa., que nosotros no siempre podemos conocer. Entonces en este caso injustamente tenemos la sensación de que nuestro modo de ver es el correcto, ya que siempre obramos por el bien. Además en general debe establecerse que en nuestro corazón no debe haber lugar para la discordia; pues la discordia se manifiesta en la no aceptación de lo que Dios y María hacen en nuestra vida. Esta actitud más bien hará que María se retire, en vez de sentirse bienvenida en nuestra vida. La verdadra paz del corazón expresa verdadero seguimiento y obediencia a los designios de Dios y a las instrucciones e inspiraciones de María. Es decisivo por lo tanto para nuestro valor como consagrado, que no debemos permitir el rechazo nuestras pruebas cuando seamos afectados por ellas; pues las pruebas aceptadas y consagradas actúan en nuestra alma y en muchas otras almas de un modo liberador.

  5. Temor a las personas. Muchos consagrados niegan su consagración cuando prestan más atención a las personas o les dan más consideración que a la excelsa posición de María. No olvidemos nunca que María es nuestra Señora y que le debemos la más profunda veneración, completa obediencia y sincero servicio. Cuán frecuentemente, por miedo al juicio de sus semejantes, las personas se abstienen de recibir la comunión de rodillas y en la boca (la única forma de comulgar que realmente concuerda con los designios de Dios) o de arrodillarse ante la imagen de María? Este miedo es una trampa que nos tiende Satanás; pues cuando reprimimos las señales de sumisión a María por miedo al juicio de personas ignorantes ya no estamos sirviendo a María, sino a Su adversario. En cuanto le demos más importancia al juicio de las personas que al de María, algo errado está pasando en la práctica de nuestra consagración.

  6. Veneración superficial a María. Muchos piensan que están totalmente consagrados a María, mientras que en realidad no guardan nada más que una superficial veneración. Se consideran a sí mismos consagrados de María porque pronunciaron un acto de consagración y lo renuevan por ejemplo cada año. pero no están consagrados en un real sentido. La verdadera consagración a María no es una oración sino un estilo de vida y una tarea que penetra en todos los aspectos de nuestra vida. Si éste no es el caso, no somos servidores de María. Servir a María significa hacerlo con la aplicación, y con la consciente y voluntaria ofrenda de todo nuestro ser y a cada instante de nuestra vida. Encender una vela a María, visitarla en una peregrinación o tomar parte en una procesión no es en mucho lo mismo que la consagración a María. La total consagración a María significa: darle todo lo que somos y tenemos para servirle a Ella, considerarla y reconocerla como Señora de todo nuestro ser y de toda nuestra vida y literalmente vivir y morir para y por María.

  7. La inclinación a dejarnos desanimar por nuestros semejantes en el maravilloso camino al cual nos ha invitado María. Debemos perseverar en nuestro camino trazado. Apartémonos de lo que la gente diga. El demonio es muy astuto y se vuelve preferiblemente contra los consagrados a María. Él utiliza la boca de nuestros semejantes para desanimarnos. Vivamos con nuestros ojos, corazón y espíritu puestos en María y no les concedamos a las personas la oportunidad de influenciarnos en alguna otra dirección. Solo así podremos permanecer en la pureza y en el amor que se espera de nosotros. No esperemos que nuestra consagración signifique que no nos pasará nada negativo. No le echemos la culpa a María por eso: seamos agradecidos por las pruebas; pues Ella nos ofrece con ello la oportunidad para muchos merecimientos adicionales. En la medida en que en la amorosa entrega de nosotros mismos a María hagamos progresos, los que pertenecen al mundo nos van a atacar y a mofarse, tratarán de desmotivarnos o darnos la sensación de que hacemos cosas absurdas, y que la vida "nos puede ofrecer cosas bien diferentes".

    Semejantes resistencias no son otra cosa que tentativas de Satanás de empujarnos fuera de ese camino dorado de la salvación. En efecto, la total consagración a María no "cuadra más" en este mundo moderno de avidez de placer, comodidad y "soluciones" humanas para todos los achaques. Nunca nos dejemos desconcertar. Nunca ofendamos a María al prestar oídos de algún modo a esas palabras. La sensación de desánimo echan a menudo raíces en un alma que confía demasiado poco en el poder de María. El único remedio consiste en buscar en lo profundo de nuestro corazón una nueva relación con María y pedirle que nos permita sentir de nuevo Su amor. El desánimo es una forma de contaminación en nuestro corazón y en nuestro espíritu. María puede purificar nuestro corazón y nuestro espíritu si la dejamos que nos llene de Su ser. Esto lo podemos hacer ignorándonos a nosotros mismos, aspirando a la humildad y pidiendo a María que actúe y viva totalmente en nosotros.

  8. Aparentes argumentos como disculpa por un crecimiento desaprovechado. Sucede regularmente que las supuestas almas consagradas a María tratan de disculpar su tibieza o su carencia de esfuerzos por crecer, con argumentos como: "Esto yo no lo puedo. María y Jesús lo hicieron pero es que Ellos eran santos" Esta es una disculpa falsa y sin valor. Es nuestro deber como elegidos, sobreponernos a nuestras debilidades. En tanto esto nos cueste trabajo, es nuestro deber pedir intensamente por la gracia de progresar en ello. Si lo dejamos pasar, permaneceremos infructíferos como consagrados. No es el caso que un alma, por ser santa, se vea libre de pruebas o que le caigan del cielo sus defensas contra las pruebas y cruces sin tener qué esforzarse. También para María y para Jesús fué la vida en la tierra una ininterumpida secuencia de esfuerzos intensos, tormento y dolores. No nos dejemos engañar por la convicción de que no tuvieron merecimientos en la superación de tentaciones.

  9. Falsos conceptos de la consagración a María. Muy frecuentemente abrigan las personas el error de que la total consagración a María significa que uno olvida a Jesús, lo niega o que lo deja de lado. Nada es tan errado como eso: Dios Mismo nos presenta a María como la clave de la liberación y de la santificación. María lleva la luz de Dios a las almas de tal modo que se acopla a la capacidad del alma en cuestión de acoger mejor la luz en sí. Imaginémonos la siguiente escena. Nos encontramos en un día soleado en un edificio, al lado de una ventana a la luz del sol. La luz del sol resplandece tan fuertemente hacia dentro que nos encandila. Como resultado evitaremos la luz. Consideremos ahora la misma escena donde la ventana tiene un vitral de colores. Aquí no entra la luz con rayos que nos ciegan y que nos producen dolor, sino conmo una suave luz en los colores más encantadores. Nuestra reacción no consiste en que evitemos la cercanía de la ventana sino que nos sentiremos con ello fascinados, atraídos y encantados. No podemos (ni queremos) quitar los ojos de la vistosidad en los muros o en el piso. Estaremos embebidos de sentimeintos de silencioso asombro, de dicha, de un conjunto soñador de paz en el corazón y emoción. A consecuencia de ello nuestro corazón se abrirá, de modo que podremos experimentar el pleno impacto de la obra de Dios en nuestra alma y podremos abrir nuestra alma totalmente a Dios.

    Qué significan estas imágenes concretamente? La ventana es la puerta a nuestra alma. La luz intensa es el directo efecto de Dios a las personas. Podremos percibir esa luz como muy tajante. Pero si consagramos la puerta de nuestra alma a María, será como si Ella Misma tomara posesión de esa ventana (Ella Misma pasará a ser la ventana) y como si la luz de Dios al atravesar Su propio ser, se quebrara en todos los colores del arco iris. (Podemos ver también en ello el símbolo de todas las virtudes y santas cualidades de las que está revestida en Su perfección). Con esto Ella logra que la luz de Dios brille para nosotros de un modo suave y fascinante de manera que no la evitaremos más sino antes la buscaremos. Así abre Ella nuestra alma para nosotros mismos como también para Dios. Las personas que ven en la consagración a María la negación de Jesús, no han entendido el verdadero orden de las obras de Dios. María es Una con el corazón de Jesús, sólo que lleva el Ser de Cristo a las almas de un modo que se ajusta completamente a nuestras capacidades humanas. Ella puede hacer esto porque es el puente entre el cielo y la tierra, la Mediadora de todas las gracias y la Señora de las almas. (ver capítulo 3) No podemos brindar mayor servicio a Jesús y mayor alegría que entregándonos totalmente a Su Madre. No hay un camino más efectivo a Dios que el que va a través de María. Después de todo es el Mismo Jesús Quien puso a la humanidad bajo el cuidado de María, realmente, mediante Su palabra en la cruz:
    “Mujer, he aquí a Tu hijo; he aquí a Tu Madre” Donde está María estará siempre Jesús; pues Él sigue viviendo en Su Madre como también en todos Sus hijos que le pertenecen Ella mediante la íntima consagración.

  10. Pérdida de merecimientos. Acontece frecuentemente que un consagrado a María cae en la tentación, mientras reza por un semejante o consagra un sacrificio, de al mismo tiempo hablar mal de ese semejante. También ocurre a menudo que el consagrado se queja de sus pruebas o que grita sus esfuerzos “a los cuatro vientos” para ser elogiado. Esto nos hace infecundos como servidores de María: Todos los méritos que podamos ganar con nuestros esfuerzos serán aniquilados. Entreguémonos totalmente a María, sirvámosle y humillémonos ante Ella sin miedo al juicio de las personas, sino trabajemos para Ella y (en caso de que Ella lo solicite de nosotros) ofrezcámonos a Ella nosotros mismos en sacrificio, en secreto.Total donación en la más profunda humillación, en simplicidad y en recogimiento,  como si estuviéramos completamente solos con María en el mundo: Veamos allí la verdadera imitación de María; pues Ella vivió exactamente así (humilde, ensimismada, en perfecta donación y como si Ella sola viviera junto con Dios). Entre más tratemos de imitar a María, más le serviremos realmente.

13. Cuál es la ideal consagración a María?

La total consagración a María es un convenio, una santa alianza entre María y nuestra alma. Porque María, después de Dios, es perfecta, somos en esta alianza el participante débil. Sin embargo, se puede decir que somos, o un buen consagrado o un no-consagrado. Esto significa que en la puesta en marcha de esta santa alianza por nuestro primer acto de consagración, tenemos el deber de vivir las reglas de la consagración a María lo más exactamente posible. Cual es la ideal consagración a María? Cuando María observa a Sus consagrados, se debe observar a Sí Misma, como en un espejo. María forma y modela a Sus consagrados según Su imagen, en el momento y en la medida en lo que le es posible hacerlo.

María no le impone a nadie nada contra su voluntad. Entre más completamente nos depositemos en Sus manos, más regirá Ella sobre nosotros, para la salvación de nuestra alma. Depositarnos totalmente en las manos de María significa que nos ignoramos a nosotros mismos, anteponemos a nuestras necesidades las de los planes de Dios, y aceptamos nuestras pruebas diarias con amor. En qué consisten los planes de Dios? En primer lugar en conversiones, evangelización y formación de verdaderos modelos de consagración y entrega.  Todo esto debe conducir a la realización del gran objetivo de Dios: hacer dar frutos a la obra de redención de Jesús, para que se funde el Reino de Dios en la tierra.

Dejemos que María limpie el espejo de nuestra alma de tal modo que resplandezcamos cada vez más. Entonces seremos una “luz” para nuestro alrededor. Se dice que uno cada vez se parece más a aquél quien ama entrañablemente, porque ve a la persona amada como un modelo o un espejo. Por nuestra parte no podemos hacer nada, pero entre más grandes sean las gracias que recibimos de María, las que nosotros haremos madurar del modo adecuado, mayor será nuestra capacidad de parecernos realmente a Ella. María posee el poder de modelarnos según Su propia muestra. Esto exige de nosotros un esfuerzo constante y una total entrega a Su voluntad. Debemos postrarnos ante Ella como una masa de modelar, y pedirle que nos forme y nos amase según su concepto. Entre más completamente permitamos a María quebrar nuestra propia voluntad y sustituirla por la Suya, más rápido llegaremos al camino de Su ideal. La vida del verdaderamente consagrado a María con el corazón y con el alma, nunca es fácil. Para llegar por este agraciado camino y alcanzar la cima más alta, se exigirá mucho de nosotros.

14. Qué nos entrega María a cambio?

Es propio de la naturaleza de la persona, el que al efectuar un esfuerzo intenso se pregunte generalmente qué es lo que va a recibir en vuelta. En relación con la total consagración de María la respuesta es simple: Inconmensurables tesoros en el cielo y ya antes de ese tiempo, inconcebibles gracias durante nuestra vida terrena, aún cuando éstas no pueden ser percibidas por nuestros ojos. A María se le ha dado todo poder sobre las gracias de Dios. Ella las derramará en primer lugar sobre nuestra alma, empero, en la medida en que le demos servicio, se mostrará repetidamente como Señora de la providencia también en nuestras necesidades materiales.

La vida terrena de un seriamente consagrado a María puede ser difícil, porque en general se le pedirá que lleve las cargas de innumerables personas que no rezan, que no aceptan ni consagran sus cruces y que no ofrecen sus cargas al cielo en alegría y amorosa entrega. Sin embargo, de eso se trata: El misterio cristiano de salvación es un misterio de redención por el sufrimiento. Mediante nuestro sufrimiento, nuestros dolores, cargas, enfermedades, aflicciones, sacrificios, penitencia, ayunos, etc. se rescatarán almas en la medida en que todo esto se consagre (se ofrezca en sacrificio); pues en las manos de María todo sufrimiento se transformará en flores de gracia para la redención de las almas de las tinieblas del maligno y del pecado. Humanamente podríamos intimidarnos con ello. En efecto esto es el caso de muchos. Precisamente por esa causa muchos renuncian después de un corto tiempo de haber pronunciado su primer acto de consagración a María. Estas personas nunca se hicieron seriamente las dos siquientes preguntas: se compensan las cargas de una vida tan corta con los tesoros que puedo recibir a cambio de ellas en la eternidad? Y tenemos paz en nuestro corazón al pensar que Jesús y María, los más grandes inocentes y perfectamente Santos tuvieron qué llevar todas las cargas de este mundo sin mí?

Si nosotros esperamos algo de vuelta de María nuestro corazón no es sincero. Si la amamos profundamente arderemos de deseo de darle todo lo que esté en nuestro poder para dárselo. Si dudamos que Ella nos dará infinitamente más de lo que le podemos dar, son nuestra fe y nuestra confianza vergonzosamente pequeños. Igual cuán difíciles o variadas puedan parecer a menudo las cargas de una vida como consagrado a María, si dejamos que María haga en nosotros todo lo que quiera hacer, nos daremos cuenta algún día que la vida como Su consagrado nos proporciona una incomparable recompensa porque nuestra alma reconocerá esa misión como el camino al que realmente hemos sido llamados.

Dejar que María haga en nosotros todo lo que Ella quiera significa: vivir de un modo según Su voluntad, en una precisa aspiración a Sus virtudes y bajo la observación del verdadero objetivo de Sus planes (la fundación del Reino de Dios en la tierra y la santificación de las almas) de modo que sin resistencia, Ella se pueda desbordar en nosotros. Nosotros recibiremos de María todo, si estamos dispuestos a llenar una sola condición: ser como un clavo en Su mano, dispuestos a soportar dócilmente los golpes de la vida, porque María puede necesitar esto para la realización de Sus planes, y ser cabalmente aptos de llevar a las almas unas hacia otras así exactamente como un clavo puede juntar trozos de madera. Qué recibimos a cambio? La dicha de yacer en la mano de María, estar bajo Su mando y ser usado, y la ganancia eternamente duradera de que estamos incorporados en la inmortal obra de Dios.

 



CAPÍTULO 2

LA VIDA COMO CONSEGRADO DE  MARÍA, EXPRESADA EN IMÁGENES

Para que realmente aprendamos a entender el contenido de la vida como total consagrado, y cómo podemos darle la mejor forma a esa vida, voy a presentar una serie de imágenes con las que María Misma en visiones me ha enseñado, entre otras cosas durante la consagración de almas a Ella, cómo quiere que sean las personas que son Sus servidores.

Nosotros podemos ver la vida como servidores de María de distintos modos:

1. La vida como consagrado considerada como la vida en un templo

A María le gusta comparar el alma con un templo. Un templo es un lugar santo, donde se reza, donde vive Dios y donde se efectúan acciones santas, entre otras cosas sacrificios y Misas. También nuestra alma fué creada santa.Un gran templo se compone de muchos cuartos y habitaciones. (Esto era el caso por ejemplo en el templo de Jerusalén en los tiempos de Jesús y de María en la tierra). También nuestra alma puede ser considerada como un todo, que se compone de muchos cuartos pequeños. Muchos de estos cuartitos no los conocemos o los conocemos muy poco. También hay un cuarto en el que están almacenados los recuerdos del pasado. (Esto lo he indicado en el punto 10 del capítulo 1). Nuestro templo está de por sí expuesto a toda clase de fuentes de amenaza, desmoronamiento, suciedad, oscurecimiento, frialdad, etc. Estas fuentes pueden ser dominadas sólo hasta el momento en que invitemos a María a nuestro templo, no para una visita fugaz, sino com Reina, para erigir allí Su trono y para reinar. Esto lo hacemos en cuanto pronunciamos la consagración total a María.

Mediante ese acto de consagración abrimos la puerta de nuestro templo. Es nuestro deseo hacia María el que empuja el pasador de esta puerta, y la pronunciación del primer acto de consagración es la apertura de esa puerta. María entra en nuestro templo y comienza a irradiarlo con todo lo que emana de Su excelso y santísimo ser. En la medida en la que comencemos cada vez más y más intensamente a vivir según las condiciones de la total consagración, Ella se adentra más en nuestro templo. Por dondequiera que pasa, resplandece luz a Su alrededor y despliega el perfume de Su santidad. De un modo muy garboso se dirige plácidamente al centro de nuestro templo, el altar. Podemos imaginar que el altar es nuestro corazón: a partir de aquí se elevan al cielo nuestras oraciones, alabanzas, agradecimientos y todas las expresiones de amor.

En la medida en que apliquemos en la práctica nuestra consagracion a María total e intensamente, Elle irá más rápido en su viaje por nuestro templo. En la medida en la que tomemos distancia de nosotros, del mundo, de nuestro pasado, etc. (completa donación, o sea, espiritualidad) y con más amor aceptemos y ofrezcamos nuestras cruces, más se acerca María al altar. Finalmente sube allí el escalón, edifica Su trono y reina desde allí sobre todo nuestro templo. Su subida al trono ocurre en el momento en el que realmente empecemos a vivir las palabras “Totus Tuus, Maria” (Soy completamenteTuyo, María). (No basta sólo pronunciar estas palabras).

En el momento de Su ascensión al trono, será la irradiación del poder, el amor, la luz y el perfume de María tan avasallador, que todo nuestro templo será penetrado por ello. En ese momento no se escapa nada de nuestro ser a Su reinado. Ya que es propio de la naturaleza humana consternarse a menudo ante el mínimo percance, o una influencia impura, es nuestro deber consagrar lo más pronto posible explícitamente todo lo que nos pueda influenciar negativamente. En revelaciones se me ha mostrado una escena en la que toda influencia impura es semejante a la intrusión de una serpiente (símbolo de Satanás) en nuestro templo. Cuando advertimos la serpiente (sentimos o notamos la tentación o la impureza) y esto lo consagramos con fervor a María, la Reina de nuestro templo ordena a la serpiente a ir a Sus pies. Ésta no puede hacer otra cosa que obedecer (pues María tiene todo poder sobre el mal) y la serpiente se arrastra hacia el trono donde María la retendrá aprisionada bajo Sus pies. La regla de oro siempre dice así. El poder de María en nuestro templo es básicamente ilimitado, pero Ella espera la expresión de nuestro deseo de desplegar realmente Su poder. De este modo debemos vivir, como consagrados a María: en total e incondicional sumisión, en total confianza, y en todo el amor abrasador que nos hace desear la acción de María a cada instante del día y de la noche.

Qué ocurre ahora en nuestro templo? Todos los restos de suciedad y de polvo serán retirados, y eso en la medida en la que más radicalmente deseemos ser más puros. Todos los rincones oscuros se iluminarán (nuestras debilidades y los pecados no confesados) de modo que comenzaremos a descubrir todas nuestras insuficiencias ocultas e inconscientes y a poder confiarlas a la santa luz de María (con una consagración más intensa y más total y nuestra disposición a la penitencia). Todos los cuartos de nuestro templo que predominantemente se han salido de nuestro control (las influencias de recuerdos que inconscientemente siguen actuando, etc.) serán poco a poco abiertos por María: Como Señora de nuestro templo posee las llaves y en consecuencia el poder de abrirlos y limpiarlos por la simple acción de Su voluntad y apartar y echar fuera toda la basura, el polvo, telarañas y suciedad (los lastres del pasado, pruebas no superadas…).

Éste es el proceso de nuestra santificación mediante la aceptación del total reinado de María sobre todo nuestro ser. El resultado de esta eliminación de trastos es que todo lo impuro, todo lo que huele a podrido y que sale de las rendijas de las puertecitas de estos cuartos hacia las grandes salas de nuestro templo se verá reemplazado por los perfumes encantadores de María. Concretamente esto significa que todos los recuerdos, sentimientos, pensamientos, viejas influencias etc. que influyen negativamente en nuestro mundo mental y sentimental, serán removidos ahora por María y los vestigios serán por Ella curados. La total consagración significa el transcurso de un proceso de purificación general; pues la Reina de la pureza no puede sentirse completamente en casa, en un templo que contiene impurezas. Nuestro propio deseo de ser purificados es nuestro mayor homenaje a Ella.

María va aún más lejos. Ella palpa los muros exteriores de nuestro templo. Estos muestran aquí o allá fisuras, grietas y orificios. El cemento se desmorona, algunas piedras se están desintegrando. La causa de ello son las tormentas del mundo, que se desatan en las afueras de nuestros muros: Los vientos y lluvias de todas las influencias del exterior (todo el “estrés” de la vida, todas las tentaciones todos los ataques provenientes del mundo sobre nuestros sentidos). María hace los muros de nuestro templo más fuertes al entregarnos más a Ella. Esto significa que nos hace más fuertes ante a los ataques de Satanás. María protege también las ventanas con Su manto; pues también por allí penetra el frío del mundo en nuestro templo. La ventanas se desmoronan aquí o allá debido a un modo falso o descuidado de abrirlas o cerrarlas. (Esto representa nuestros equivocados patrones de comportamientos o de reacciones.) Ella limpia las ventanas para que los rayos del sol (el Espíritu Santo) puedan entrar, a alumbrar y a calentar nuestro templo. En la medida de cómo María haga más fuerte y limpio nuestro templo, que ahora ha pasado a ser de Su propiedad, será cada vez más adecuado para la definitiva glorificación de Su poder: la ofrenda en sacrificio de nosotros mismos, de todo nuestro ser y toda nuestra vida a Dios como un trofeo de Su victoria sobre nosotros.

Sólo hasta la ascensión de María al trono de nuestro templo puede ejercer Su poder completamente sobre nosotros. Allí, en el centro de nuestro templo, todo intruso será entregado a Ella: Nuestras tentaciones serán sometidas en el núcleo de nuestra alma a través de María, si nosotros se lo pedimos.

El cuadro general es ostensible: Nuestra alma es un templo, que será ocupado por María y sobre el cual Ella extenderá Su poder, en la medida en que nosotros así lo solicitemos, y en la medida en que sigamos Sus reglas. Las reglas de la consagración total son las leyes con las que la Reina gobierna sobre Su imperio. Ella edifica nuevamente Su templo, según Sus conceptos, para que él realmente sirva para la realización de Sus objetivos. Entre más nos sometamos a todo esto, más pronto hará de nuestro templo un palacio de María, una fortaleza en la que se hace notar en todo y en el que incluso está impregnado Su propio perfume. Todo lo que se le deposite a Sus pies cuando está sentada en Su trono, se ofrecerá en sacrificio directamente en el altar. Cuando María en nuestra primera consagración entra en nuestro templo como una Reina, se propone principalmente este objetivo: hacer del templo Su exclusiva propiedad y lo acondicionará de tal modo que se asemejará a la imagen ideal que Dios ha previsto para cada templo del alma: una imagen del templo mismo de María; pues ella es el espejo perfecto de la imagen y semejanza de Dios.

El reinado de María no se limita sólo a nuestro templo. De las ventanas de nuestro templo empieza a afluir hacia afuera Su luz y Su perfume, de modo que nuestro entorno empieza a compartir con nosotros los efectos del poder de María. Por el hecho de que Ella construye de nuevo nuestro templo, se transforma en una obra de construcción que (a menudo inconscientemente) será perceptible por otros templos del alma como algo extraordinario.  Por ello otras almas se sentirán atraídas hacia nosotros y así puede comenzar la obra de María de conversiones y transformaciones. Es nuestra belleza interior (que básicamente es la belleza de María) la que pone en marcha los torrentes de amor de creación renovadora.Abandonemos entonces nuestro templo total e ilimitadamente a María y hagamos revestirlo con los tapetes, tapices y macizos de flores de Sus virtudes.

2. La vida como consagrado presentada como el templo y el vergel

Esta imagen es una variante de la primera. Contemplemos nuestra alma como un templo. Desde ese templo vemos a través de la ventana algo del mundo exterior; otros templos (las personas a nuestro alredor), la luz del sol, pero también lluvia y nubes. Los rayos de sol representan simbólicamente la luz de Dios, la lluvia y las nubes oscuras son las experiencias negativas y las influencias del mundo. Las ventanas de nuestro templo se encuentran relativamente en lo alto de los muros, de modo que por ello no podemos ver casi nada del estado del tiempo y de las nubes, si acaso veremos las partes superiores de otros templos. Un día de estos nos entrará la curiosidad hacia la vida fuera de nuestro templo (el alma está a la búsqueda de las cosas más profundas de la vida) porque nos han fascinado los hermosos colores de la refracción de la luz a través de una ventana determinada (los rayos coloridos del sol son también un símbolo de la esperanza).

Este vitral colorido lo podemos ver como la primera aparición de María en nuestra alma: Ella es la que primeramente nos llama y no al contrario. Nos subimos a una escalerita, para ver a través de la ventana y vemos de pronto allí un vergel. Nunca pensamos que cerca de nuestro templo hubiera un paraíso de magníficos árboles frutales y arbustos de adorno. Con un corazón embelesado (se despierta el amor) vamos a la puerta de nuestro templo para abrirla pero nos falta la fuerza para ello. Ardientes de deseo estiramos el pasador hasta que éste se bota, pero nuestras fuerzas ya no dan para más. Entonces ocurre el milagro. La puerta se abre y María está frente a nosotros. Todo el tiempo Ella estuvo allí esperando hasta que le hiciéramos saber de nuestra invitación de entrar en nuestro templo. Ella Misma ya había hecho manifestación de su deseo de encontrarse con nosotros, al dejar pasar los rayos coloridos en nuestro templo.

Esta invitación de nuestro corazón a María se compone pues de una combinación de esperanza, amor y deseo. Dicho concretamente, esto es la pronunciación de nuestro primer acto de consagración: llegaremos a ello en cuanto tengamos la esperanza de realizar lo bello que esperamos de nuestra vida, el amor, que será despertado por la belleza que nos hace creer que Dios existe., y el deseo de descubrir el paraíso con los magníficos árboles, frutos y arbustos. El vergel es, de hecho, el íntegro ser de María: en Ella están reunidas todas las bellezas de Dios. María esperó por nosotros hasta que un día pronunciamos nuestro pimer acto de consagración. Nosotros pudimos empujar el pasador de nuestro corazón o de nuestra alma, pero sólo María tiene el poder de abrir la puerta de nuestra alma. (Esta apertura es al mismo tiempo una liberación: nuestra alma se pone en contacto con el torrente sobrenatural del verdadero amor).

En el momento en que se abre nuestro templo, vemos a María ante nosotros. Ahora Ella espera aún nuestra invitación a entrar realmente en nuestro templo. Ella entra en el momento en el que después de pronunciar nuestro primer acto de consagración le mostramos nuestro deseo y nuestra disposición de darle a María realmente un gran lugar en nuestra vida. Así como en al primera imagen, también en esta escena lleva a cabo María en nuestro templo todas las acciones con las que lo acondicionará nuevamente según su voluntad y Su concepto. Pero un día nos tomará de la mano y nos invitará por su parte a ir afuera guiados de Su mano y entrar en el vergel: Se nos ha permitido avanzar en el ser de María. (Ella se revela a Sí Misma poco a poco ante nosotros, de modo que podremos aprender a imitarla cada vez más.) En el vergel descubrimos un mundo que para nosotros es totalmente nuevo.

Impresionado por el éxtasis hacia todas las bellezas del vergel, se abre nuestro corazón totalmente, de modo que María lo puede purificar hasta el fondo. Ella recoge las piedras que pesan en nuestro ánimo. Muchas de estas piedras yacen años enteros en nosotros y nos siguen lastimando en nuestro interior, de modo que ha habido días en los que nos sentimos física y emocionalmente enfermos. Estas piedras Ella las toma en Sus manos. Algunas de ellas las deja caer al suelo. Nosotros vemos que al tocar este santo suelo (el jardín es el ser íntegro de María) se transforman en oro, y en esta nueva forma y composición las coloca de nuevo en nuestro corazón. (Estos son los restos de las pruebas que por la acción de María se han transformado en manantiales de curación para nuestra alma.) Para otras piedras excava un hoyo en el suelo, lo cubre de nuevo y coloca Su pie encima. (Esos son los vestigios de las pruebas que Ella quiere que olvidemos completamente. Ella los sepulta en su corazón para que ya no nos puedan hacer más daño.) Entonces Ella nos invita a cortar frutos de Sus árboles y a comerlos. Éste es el alimento curativo que Ella nos da: María le da a nuestra alma a comer de los frutos que se encuentran encerrados en Su propio ser, en otras palabras: Ella alimenta a Sus consagrados de Sí Misma. Ella nos deja respirar los perfumes que salen de los arbustos y de las flores de los árboles y que flotan en el vergel. (María nos cura y nos purifica y nos hace “ebrios” de deseo por Ella, para que deseemos fervientemente no hacer nada sin Ella o fuera de Ella.) Después nos guía de nuevo hacia nuestro templo con la promesa de que nos permitirá entrar nuevamente al vergel cada vez que Ella nos deje ir allí.

3. La consagración, vista como la reconstrucción del templo

Dios ha creado nuestro ser como una obra de construcción única. Como un templo singular. Nosotros sólo tenemos una vida en el mundo y debemos vivirla siempre en el único y mismo templo. Él es el Maestro de obras, a nosotros se nos ha concedido el derecho de vivir en el templo. Nosotros no somos los propietarios (Dios siempre será el propietario del templo, la obra de Sus manos) sino que nos ha sido prestado. Qué ocurre en nuestra consagración a María? Nosotros firmamos el convenio entre Dios y nosotros a nombre de María: Ella recibe entonces el verdadero derecho de uso y al mismo tiempo será la propietaria de nuestro templo, como representante de Dios.  En la imagen nr.1 he mostrado, cómo María, en cuanto entra en nuestro templo comienza a trabajar según Su modelo y Su concepto. De este modo María será nuestra Arquitecta. En ese atributo Ella conoce todos los rincones y esquinas, todos los cuartitos, todas las deficiencias ocultas de nuestro templo. Por esta causa es Ella la única que podrá reconstruir nuestro templo. Éste es uno de los impulos más saludables para una total consagración a Ella. Las diversas cámaras de nuestro templo, son las muchas (a menudo ocultas) cualidades de nuestra alma. Por so no podemos conocer nuestro propio templo completamente.

Debido a que nuestro templo tiene muchos cuartos que no tienen (más) luz y no conocemos su contenido, es posible que en nuestra obra se hayan propagado aromas que no nos son conocidos. De ese modo podemos sentirnos a disgusto, sin saber por qué. Pero no podemos correr el riesgo de comenzar a hacer reparaciones sin el arquitecto. Concretamente, eso significa que en el sentido estricto de la palabra no podemos vivir sin incluir a María en nuestra vida en todo. Esto significa también que ya no podemos hacer planes por nosotros mismos; pues sólo María es la Arquitecta. En cuanto depositamos nuestro templo en las manos de María, Ella coloca un pequeño letrero en diferentes lugares en donde Ella se encuentra, en los que pone: „Prohibida la entrada en la construcción“. Ella quiere efectuar la renovación en paz, sin nuestra intromisión. Además la entrada a la construcción no está libre de riesgo; pues mientras la limpieza y la reconstrucción de nuestra alma se está efectuando, podríamos lastimarnos con el material que está echando fuera. Esto quiere decir concretamente que nosotros le debemos consagrar a María todo, y que es mejor no comenzar a escarbar y a excavar en nosotros mismos si nos sentimos un poco raros: María conoce la causa y se ocupa de ello en cuanto Ella siente que nuestra confianza en Ella es total. La única posición que se espera de nosotros es ésta: Permanezcamos quietos, procuremos conservar la paz interior, recemos a María y pidámosle que nos dé fuerzas para esperar con paciencia, y seguir viviendo fecundamente, mientras Ella consuma sus obras de limpieza.

4. La vida del consagrado, contemplada como un fuego

Podemos considerar la consagración a María como un fuego encendido: La total consagración es la misión de la vida en la que dejamos encender todo nuestro ser en un fuego que nunca más debe extinguirse. Nuestras debilidades, pruebas y todos los sufrimientos son la leña con la que será alimentado ese fuego. Nosotros debemos alimentar ese fuego ininterrumpidamente para que permanezca encendido y se inflame lo más alto posible, para que toque las llamas del ser de María. María Misma es el mayor y más hermoso fuego que jamás haya sido encendido por Dios. Todo Su ser arde para la eternidad con el fuego avasallador del amor celestial y de todas las virtudes.

La meta final de nuestra vida como total consagrados es una unificación y comunión con María tal, que Sus llamas y las de nosotros mismos casi no se pueden separar; pues hasta la unificación con ese fuego que todo lo supera, tendremos la seguridad de que nuestro propio fuego permanecerá ardiendo y que es lo suficientemente fuerte para perdurar sobre todas las influencias de nuestro alrededor. Nuestro fuego será amenazado sin cesar por las tormentas del mundo (todas las influencias del mundo material) que continuamente tratan de apagarlo. Por eso debemos erigir una pantalla protectora entre nuestro fuego y las influencias del mundo. Esta pantalla, la protección contra las influencias amenazadoras del mundo es la vigilancia: prestar atención a todos los malos hábitos, las seducciones, las tentaciones, engaños y errores. El elemento más importante en esta perspectiva es la leña.

Todos nuestros sufrimientos y pruebas los tenemos qué consagrar directamente a María; pues si no lo hacemos nos perderemos, permanecemos inútilesy ya no se alimentará más el fuego de nuestra consagración. Con esto, tengamos en cuenta que nuestra tarea como consagrado básicamente consiste en ser para nuestro alrededor una luz resplandeciente (pureza, alegría de ánimo) y también avivar otros fuegos, y así tender una cadena de luz y de fuego alrededor del mundo. Nuestro propio fuego sólo puede ser conservado en la medida en que aceptemos nuestros sufrimientos y pruebas con amor y ofrecerlos en una fervorosa consagración a María. De este modo los sufrimientos consagrados desarrollarán un poder redentor sobre las almas.

5. La vida como consagrado, vista como una invitación a la fiesta de María

Cuando María nos llama para una vida a Su servicio, nos está invitando en realidad a una fiesta. La total consagración a María es una gracia insuperable, y por ello una fiesta para nuestra alma. De nosotros de esperará que vayamos a la fiesta con el regalo de nosotros mismos: Nos damos nosotros mismos a nuestra Anfitriona, todo nuestro ser, y todo lo que esté en relación con nuestro ser y nuestra vida, como un regalo eternamente duradero. De nosotros también se esperará que no amarguemos la alegría de María con una actitud falsa, con indiferencia o con pensamientos y sentimientos mundanos. Ella es todo apacibilidad, alegría, quietud, paz, amor, pureza, ternura, dulzura, gracia, bondad, generosidad, atención…Todas las virtudes están presentes en Ella y han madurado hasta la absoluta perfección. No podemos arruinarle la fiesta a María, al acercarnos a Ella con un corazón en el que reine la discordia, y lleno de convicciones que no concuerdan con las de Ella.

Además de Sus perfectas cualidades, esta Anfitriona es también infinitamente poderosa. Ella es la absoluta Señora de la casa a la que estamos invitados. Nótese: Esta casa es nuestra propia alma; pues María ha entrado en nuestra casa y la ha tomado, mediante nuestra consagración como su propiedad. Ella es por así decirlo la verdadera Señora de la casa y Anfitriona en nuestra propia casa. Ella nos la puede hacer tan agradable como Ella lo quiera.: Ella Sola designa, qué alimentos recibiremos, cuándo los recibiremos y en qué cantidad los recibiremos (las gracias sobre las cuales María posee todo poder), qué es lo que Ella nos quiere enseñar (las enseñanzas y adoctrinamientos que Ella derrama en nuestro corazón) cuándo y en qué medida Ella nos quiera lavar (la limpieza o la purificación a las que María nos somete en los momentos indicados). El hecho de que María recibe nuestra casa como propiedad, para Ella es una fiesta; pues le dá la oportunidad de llenarnos con Su propia alegría y que mediante Sus acciones (alimentación enseñanza, purificación…) nos vaya ganando completamente para Ella, para que también otras almas deseen darle su casa en posesión. En la medida en que Ella sea la Propietaria de más y más casas y unifique a las almas con Ella mediante Su fiesta de consagración, Ella será la Señora de todo el Reino y podrá extender Sus obras milagrosas. De nosotros se esperará que le ayudemos en esto.

6. La vida del consagrado, considerada como la escuela de María

Nuestra vida como consagrados se puede comparar con la asistencia a una escuela, de la cual María es al mismo tiempo Directora y Maestra. Ella nos da clases día y noche. Muy frecuentemente nos somete a exámenes (pruebas de muy diversas formas) para probar qué tan adelantados estamos en la captación y en la asimilación de las enseñanzas que Ella nos imparte. Nuestra primera visita a la escuela de María es la pronunciación de nuestra primera consagración. Esto no es otra cosa que la inscripción para tomar parte en los cursos de esta Maestra perfecta. Todas las materias son objeto de exámenes (de las pruebas) de los que no sabemos cuándo María nos los impondrá. Ella lo decide por Su propia cuenta, de modo que el examen puede sobrevenir aún varias veces al día e incluso durante la noche. Cuando soportamos una prueba con éxito, hemos aprobado este examen específico y María continuará enseñándonos. Si no lo pasamos, María repetirá la lección, hasta que demostremos que la hemos entendido bien y que podemos usarla sin problemas. Soportar una prueba con éxito (pasar un examen) podemos solamente cuando estudiamos la materia junto con María (en otras palabras: el consagrado no debe hacer nada por sí mismo, o sea sin pedir la acción de María o Su permiso) y cuando reaccionamos a la prueba del modo que María nos lo ha enseñado: con aceptación, amor, confianza, paciencia e inspirados por la voluntad de ofrecerlo a María en sacrificio por los demás. Si seguimos haciendo mal las cosas, Ella tiene el poder de castigarnos (por ejemplo, al someternos a pruebas semejantes, de larga duración que nos habrán de enseñar a comportarnos en todo como Ella quiere y como Ella nos lo ha enseñado).

7. La vida del consagrado, vista como el recorrido de un camino

La vida como consagrado es un constante ofrecimiento y consagración de nuestro completo camino por la vida hasta en los más pequeños detalles. El transcurso de nuestra vida es como un camino a través de un paisaje. El camino termina finalmente ante el trono de Dios, para el juicio de nuestra vida. Nosotros seguimos ese camino hasta el final, con todas sus curvas, fosas, hoyos, piedras, cizaña y con sus orillas en forma de espinas, zanjas, barrancos, etc. El paisaje a un lado del camino es nuestro entorno, que podemos concebirlo desde nuestro punto de vista. En muchos lugares se juntan a nuestro camino pequeños caminitos por un corto tiempo (o durante un tiempo más largo). Estos pequeños caminos son las relaciones con otras personas. Ofrecer todo a María significa preocuparnos de que María gobierne sobre todos esos caminos como una Reina; pues entonces serán todos esos caminos y paisajes Su Reino. A dondequiera que veamos (hacia atrás, hacia adelante, a los lados, incluso hasta debajo de nuestros pies), todo esto es el Reino de María.

La consecuencia de nuestro camino por la vida en la consagración a María significa crecer con la capacidad de ir de un modo determinado por ese camino. El verdadero consagrado no solamente debe seguir el camino, él debe recorrerlo a un determinado paso: cuando hemos encontrado el camino correcto de nuestra misión como consagrados a María no debemos, llevados por el afán, “sobrepasarnos a nosotros mismos”. Debemos ver que todo lo que llevemos a cabo, lo hagamos al tiempo de María, que es también el tiempo de Dios.

Pongamos atención a los extravíos en nuestro camino. Extraviarnos es seguir las señales de nuestro camino sin darnos cuenta que estos avisos podían estar “movidos” por las tormentas del mundo y por ello nos indicarían un camino adyacente. Un camino adyacente puede parecernos atrayente, porque sería un atajo a alguna que otra curva en nuestro camino. Pensemos sin embargo que este camino lateral no ha sido indicado por María y esto significa que no corresponde al plan de nuestra vida. Podría contener fosas escondidas o arenas movedizas que en nuestro crecimiento, nos haría perder más tiempo del que podríamos ahorrarnos. Si María quiere que sigamos un camino más largo, entonces debemos obedecerla, sin hacernos preguntas. Ella sabe por qué nos desaconseja determinados caminos. Caminos laterales pueden ser por ejemplo: querer probar soluciones absolutamente más rápidas para determinadas dificultades, lo que podría acarrearnos problemas, o querer absolutamente a cualquier precio corregir un malentendido, mientras que el lado contrario en ese determinado momento aún no ha adquirido la sensatez necesaria, etc.

Debemos imaginarnos nuestro camino por la vida como una especie de camino por una región desolada. Podemos encontrar toda clase de obstáculos, entre otros, piedras con las que podríamos tropezar. Podemos encontrar todas las formas posibles de ellas.

  • Algunas son muy pequeñas, de manera que podemos evitarlas sin problemas, sin embargo pueden lastimar nuestros pies: Estas son las pruebas que causan retrasos en nuestra vida espiritual y que podrían dejar heridas en nuestro corazón.

  • Otras son mayores, de modo que podríamos caer fácilmente sobre ellas. Ellas pueden propiciar una buena caída al suelo: éstas son las pruebas que nos hacen caer y que exigen de nosotros otro tipo de paso. Debemos de sacudir de nosotros tan rápidamente como sea posible las influencias del mundo (el polvo del suelo en el que hemos caído) para ser purificados, y debemos superar tan rápidamente como sea posible el desánimo y levantarnos, (para no dejar actuar la inluencia paralizante de la postración y a la larga, de la depresión).

  • Todavía algunas otras piedras son tan grandes que son verdaderos peñones, por lo que no podemos ver hacia adelante. Estas son las circunstancias que nos impiden ver el paisaje ante nosotros o a los lados. Por ejemplo, ellos impiden ver el camino de nuestros semejantes que se topan con nuestros caminos (por ejemplo el camino por la vida de nuestros familiares etc.) Esos peñones originan que vivamos demasiado concentrados en nosotros mismos y miremos muy poco por nuestros semejantes. Tras de esos peñones puede esconderse Satanás muy fácilmente, lo que significa que estas grandes piedras exponen a nuestra alma a emboscadas peligrosas.

Si nosotros aplicamos estrictamente la consagración a María, podemos ir de la mano con Ella. Ella nos advierte de todas las dificultades, haciendo sensible nuestra percepción interior hacia todo lo que nos hace desviarnos de Su dirección. En cuanto soltamos Su mano, ya no seremos más tiempo advertidos de las piedras de tropiezo en nuestro camino. A cada tropiezo en nuestro camino, María nos tomará más fuerte de la mano. Algunas veces ni siquiera tocamos el piso, pues Ella nos rescata en seguida. Podemos tener la sensación de que sin embargo hemos caído, pues nuestra alma está ocupándose de procesar una tentación o de arreglárselas con ella misma después de que ha sido tomada por sorpresa por las influencias mundanas. Estos son los momentos en los que tenemos la sensación de que hemos cometido un pecado y con ello nos hemos disgustado con nosotros mismos, mientras que en realidad no se puede hablar ni con mucho de un comportamiento pecaminoso.

Cuando caemos sobre una piedra, podemos herirnos hasta sangrar. Pensemos sin embargo que María con los extremos puntiagudos de esas piedras que nos han lastimado, escribe los merecimientos de esas pruebas en nuestra alma.

Algunas veces vamos de la mano de María, pero vemos primero hacia otros lados en vez de fijar nuestros ojos en María. Entonces puede pasar que María nos deje que tropecemos, para indicarnos que nuestros ojos no están fijos en Ella, y Ella se coloca frente a nosotros de modo que caigamos en Sus brazos. Así expresa su deseo de que debemos acercarnos nuevamente a Ella. Este es el caso, cuando después de un mal paso volvemos nuevamente a la sensación de que llega una tranquila paz al corazón.

Una de las causas más frecuentes de los tropiezos en nuestro camino consiste en que podemos sentir a menudo la inclinación a volver la vista atrás (a vivir nuestro pasado, vivir de nuestros recuerdos) En estas condiciones nos olvidaremos algunas veces de continuar con nuestra vida. María dejará entonces que caigamos sobe una piedra, para enseñarnos que no es productivo vivir mirando hacia atrás: Eso no da frutos, al contrario, nos paraliza, porque con ello nos distrae nuestra atención. Exclusivamente es en el presente cuando podemos cumplir nuestra misión.

El camino por la vida está rodeado de espinas, zanjas, barrancos, etc. Debemos prestar atención, cuando nuestra mirada se sienta atraída por flores en el paisaje (las seducciones del mundo); pues en cuanto nos dirigimos a ellas para cortarlas (aspirar a los placeres del mundo) podríamos ir a parar de lleno en las espinas de la orilla (lastimar nuestra alma) arribar en una zanja (ensuciar nuestra alma) o caer en un barranco (matar nuestra alma). Pensemos siempre que la orilla de nuestro camino por una determinada causa es como es: la obra de la providencia de Dios, que sólo desea lo mejor para nosotros. Nuestro completo camino por la vida está sembrado de flores (todos los acontecimientos, acciones y pruebas de cada día, igual si las experimentamos como agradables o desagradables). Con estas flores podemos hacer tres cosas:

  • Podemos pasar sin prestarles atención. En este caso nuestra alma no saca ningún provecho de la acción, el acontecimiento, la situación o la prueba. El beneficio que Dios en esta circunstancia ha puesto como posibilidad para el crecimiento del alma no se realizará o la acción que efectuamos malogra el posible provecho. Esto pasa por ejemplo cuando no aceptamos una prueba, cuando protestamos contra una situación o cuando ideamos una solución totalmente falsa (incluso nociva para nuestra alma)

  • Podemos cortarlas y ya sea retenerlas o tirarlas. En este caso sacamos una parte del posible provecho, pero en el transcurso de nuestra vida se marchitarán esas flores por falta de agua y alimento. Esto es lo que pasa cuando nosotros mismos nos encargamos de esos acontecimientos, situaciones, acciones o pruebas, con soluciones humanas que aún siendo algunas veces apropiadas y con buena intención, no descansa la completa bendición de Dios sobre ellas, porque no hemos pedido de la intervención celestial (o sea, no haberlas hecho objeto de oración). A menudo hemos cortado las flores muy rápidamente sin pensar en las consecuencias de nuestros actos.

  • Podemos cortarlas y consagrarlas a María. En este caso le damos a María el acontecimiento, la situación, la acción o la prueba mediante una fervorosa consagración a María, de manera que Ella pueda revestir esas flores con el rocío de la vida eterna. Esas flores seguirán conservándose frescas hasta incluso nuestro juicio ante el trono de Dios.

Solamente la última categoría (las flores que serán consagradas a María) tiene completo provecho para nuestra alma, además serán sus simentes derramadas por María hacia otras almas. En otras palabras: las acciones, pruebas, sucesos y situaciones consagradas a María proporcionan sanación, bendición y gracias a las almas.

Así podemos entender cuánto podemos ayudar a derramar sanación, bendición y gracias, al consagrar a María cada detalle de nuestra vida. Podemos hacer esto con posterioridad, (por nuestro pasado, cuando aún no estábamos consagrados a María) o cada vez que nos encontremos una flor en nuestro camino por la vida (estas pueden ser bastantes, diariamente). Así se presentan en todo el mundo, en todos los caminos de todos los seres humanos, cada día billones de oportunidades de hacer la consagración y con ello pagar la total deuda de pecado ante la justicia de Dios, de toda la humanidad. Empero, esto ocurre en una medida desconcertantemente pequeña. El siguiente cuadro nos podrá ayudar a entender por qué la total consagración a María:

  1. constituye un gran contrapeso por los pecados de toda la humanidad.

  2. puede ayudar a restaurar el desequilibrio que en la creación ha surgido por la enorme deuda de pecado de todo el mundo y

  3. puede rescatar a la humanidad de su miseria al apresurar la fundación del Reino den Dios del amor y de la paz en la tierra.

Recordemos que cada suceso, cada situación, cada acción o prueba que son consagrados a María obtiene un múltiplo de su valor original por ser colocados en el corazón de María. La flor misma se conservará fresca hasta nuestro día del juicio e irradiará su perfume (ahora ella tiene el perfume de las manos de María) de modo que despertará en el día de nuestro juicio la misericordia de Dios. Además cada flor presenta cientos de semillas que por María serán distribuídas como posibles fuentes de nuevas gracias para muchas almas. Así, una consagración frecuente de todo a María puede transformar al mundo en un tapete florido de almas santas. Consagrar todo, no necesariamente significa que consagremos a María cada acontecimiento o cada situación en seguida individualmente (bajo determinadas circunstancias prácticas esto no es posible) Lo mejor es vivir cada día intensa y fervorosamente la vida como consagrado, con lo cual están incluídas todas las situaciones en nuestra consagración. Esto igual significa, que María a cada instante del día y de la noche es la Señora de nuestro corazón.

Al final del camino de nuestra vida está el sol poniente en el horizonte. Lo podemos considerar la luz del paraíso que nos saluda a través de la puerta del cielo (María) que está abierta para recibir al alma y conducirla a la luz eterna. Este sol es muy a menudo oscurecido por espesas nubes (enfermedades, cargas) pero cuando también el fin de nuestro camino (la hora de nuestra muerte) esté consagrado a María será la contemplación de esa bola de fuego una alegría dichosa y depositará una dichosa paz en el corazón que nos preparará para el paso hacia la vida eterna.

El único modo de hacer que ese camino sea sin peligro e instructivo, consiste en que lo recorramos con y para María. Hagamos que nuestro corazón esté incesantemente dirigido hacia Ella, como si nos preguntáramos continuamente cómo Ella resolvería esto y cada detalle de nuestra vida cotidiana. Esto es a lo que me refiero, cuando digo que debemos de vivir nuestra vida a cada instante del día y de la noche con María. Ella conoce nuestro camino por la vida, Ella sabe donde se encuentra cada piedra en este camino y Ella sabe donde está nuestro destino. No nos desprendamoes de Ella. Las mayores maravillas nos esperan si nos aferramos a esa perfecta mano hasta el último metro ante la puerta del cielo.

8. La vida del consagrado, considerada como la repetición de la Pasión de Jesús

La creación de Dios es para el ser humano poco transparente, porque está llena de misterios. No es el plan que el ser humano la conozca y la observe en todo detalle, porque un conocimiento perfecto de ella disminuiría los méritos de su vida: Quien todo lo sabe, precisa de poca fe, y la fe es precisamente una de las mayores fuentes de los merecimientos que podemos obtener en nuestra vida terrena. La verdadera fe es la confianza ciega (es decir, sin haberlo jamás visto completamente) de que Dios existe, que verdaderamente actúa, y que Él regula todo con miras a un transcurso y a un resultado que le garantice a la humanidad un provecho óptimo.

Uno de los grandes misterios es aquél en el que la vida de la persona de diversos modos se pueda considerar una “nueva versión” del via crucis y de la Pasión de Jesús. Yo os invito a repasar el análisis del acontecimiento de la Pasión que he ofrecido en el primer capítulo del libro “Die Himmlische Hochzeit” (“La boda celestial”). Este análisis muestra cómo la vida de un consagrado a María sobre todo se puede reflejar en esta imagen divina y qué lecciones podríamos aprender de ello. Que esta contemplación de la Pasión nos motive a aceptar nuestras cruces diarlas y a llevarlas con amor. A propósito quiero hacer la siguiente indicación: Nuestra vida como totalmente consagrados a María puede ser un camino dorado de glorificación. Depende de nuestra actitud y nuestra constancia, si esto realmente se realiza. En la medida en que llevemos a cabo todo con María, encontraremos en Ella la fuerza para cargar todas nuestras cruces; pues Ella nos llenará en tal dimensión de Sí Misma, de Su amor y de todas Sus virtudes, que nuestra perspectiva hacia las cosas a nuestro alrededor cambiará muy a fondo. Comenzaremos a experimentar cada cruz como un regalode la mano de María: cada vez, nuevamente una oportunidad de ser Uno, de corazón y espíritu con Ella, Quien de por Sí vivió una vida perfecta.

9. La vida del consagrado, considerda como un sembradío

Podemos considerar nuestra vida como un sembradío, un suelo donde deben crecer frutos para alimentar a otras almas y hacer fructífero el Reino de Dios (la totalidad del sembradío). El suelo de nuestro sembradío abarca los elementos de la vida (el principio de vida, que Dios Mismo depositó allí, junto con nuestros talentos). Él será regado con la suave lluvia de gracias y será iluminado por el sol del amor de Dios. Si nuestros sembradíos del alma los consagramos a María, será además “abonado” (alimentado con Sus enseñanzas y sugestiones). Además Ella ara nuestro sembradío junto con nosotros para que nuestros talentos puedan salir a la superficie y el principio de vida que nuestra alma ha recibido de Dios sea despertado verdaderamente. Mediante Su poder absoluto sobre nuestra alma como Señora de todas las almas, María posee así mismo la facultad de ocuparse de que nuestro suelo reciba y absorba en sí un perfecto equilibrio entre sol y lluvia. Sólo María sabe lo que necesitamos y cuándo lo necesitamos y en qué cantidad. Es posible que nuestro sembradío a pesar de la suave lluvia de las gracias permanezca seco, debido a que las gracias no han sido realmente acogidas por nosotros. Entonces María volverá a arar el suelo para hacerlo “más suelto” (más receptivo) de modo que las gracias que recibimos verdaderamente entren en contacto con nuestros talentos y hacerlos inflamarse con nueva fecundidad.

El sembradío de nuestra alma puede retener el agua de lluvia (las gracias recibidas) con tanta fuerza que comienza a volverse ácido. Este es el caso, cuando el alma conserva la gracia para sí. Ella alimenta sus propios talentos, pero no es fructífera dentro del plan de Dios, de modo que el alma será considerada improductiva. Cuando el suelo está saturado del agua de las gracias, el sobrante que el alma en ese momento no necesita para sí misma se evapora, y ese vapor desciende en los sembradíos vecinos para ayudar a fertilizarlos. También puede ocurrir lo contrario: El sembradío del alma se seca. Ése puede ser el caso cuando el alma se endurece (carencia de amor, de apacibilidad, de alegría de ánimo, de ternura, demasiado rencor o amargura) El agua de lluvia (las gracias) ya no se absorbe en el suelo, es como si el alma se opusiera a todo lo que podría suavizarla. Estas almas forman una costra a su alrededor porque no se atreven a mostrar como en realidad son. Con frecuencia ocurre esto en las almas que han sido lastimadas a menudo o profundamente, así como en almas que llevan la carga de pecados no confesados y que por ello han adquirido una imagen negativa de sí mismas.

Es María la que determina y regula cuánto exactamente necesita nuestra alma y cómo puede utilizarlo. Sólo mediante una consagración a María vivida estrictamente podemos mantener en equilibrio nuestro sembradío del alma.

Nuestro sembradío será también atacado regularmente por vientos tormentosos, aguaceros y granizo (por las inadecuadas influencias del mundo) Por la consagración a María de todo nuestro ser no conseguiremos en primer lugar que esas tormentas se mantengan alejadas de nosotros; pues algunas son necesarias para nuestro crecimiento: ellas pueden ayudar a crear orden en nuestro mundo de sentimientos, ideas y experiencias. Antes bien, Ella hará nuestra simiente más fuerte. En otras palabras: mediante la consagración no nos serán retiradas nuestras cruces, pero recibiremos más fuerzas para cargarlas. Esto es muy importante; pues los merecimientos de nuestra vida serán determinados por el modo en que nos comportemos con nuestras pruebas. Si no recibiéramos pruebas, el día de nuestro juicio no podríamos presentar ninguna clase de merecimientos y no nos ganaríamos la entrada al cielo. Por eso María no nos haría ningún favor al quitarnos nuestras cruces. El granizo en nuestro sembradío es la acción del destino. Los daños que por ello se ocasionan no necesitan ser reversibles. Si consagramos ese granizo a María, los granos de hielo se derriten con el calor de Su amor y hace que esa agua humedezca suavemente el suelo de modo que volverá nuevamente a ser fecundo.

En nuestro sembradío arado María distribuye la simiente: las oportunidades de dar fruto después de un adecuado proceso de maduración. Aquí se debe tomar en cuenta el tiempo de sembrar. Cuando al abordar nuestras preocupaciones diarias queremos entrar en acción apresuradamente es posible que seamos contraproductivos, y que nuestra alma no produzca los frutos que podría producir si hubiera sido sembrada al tiempo de Dios. La espera del adecuado y más fructífero tiempo de sembrar se manifiesta en la virtud de la paciencia. Sólo María sabe si nuestro suelo en determinado momento está listo para recibir la simiente. Es posible que en un momento dado no estemos lo suficientemente maduros para efectuar el siguiente paso en nuestra vida. Por eso es tan importante que como consagrados vivamos el ritmo que María colocará en nuesro corazón. Percibiremos que una acción apresurada hace caer la simiente en las rocas: aparentemente ha echado raíces pero las tiernas plantas se doblegarán al mínimo vientecillo o al mínimo aguacero (prueba o resistencia).

Cuando la simiente germina, es posible que no salga completamente del suelo. Será  devorada por los animales del suelo y puede podrirse por falta de oxígeno. Esto es el caso de un alma que vive ensimismada, ocupada consigo misma y aspira a muy poca entrega. Esta alma tampoco se atreve a ser visible para Dios (a menudo por miedo de que hace todo pecaminoso o errado). Esta alma será consumida por pensamientos deambulantes o tormentos en el corazón y no se deja dar suficiente respiración por la brisa de la liberación y de la santificación que Dios (María) hace flotar a su alrededor. Esta alma tiene un gran necesidad de la total entrega para que María pueda arar su campo libremente y que la tierra pueda respirar, y la simiente pueda germinar sin impedimentos. El alma es totalmente improductiva cuando no “entra en el día” (salir creciendo del suelo, que también es un símbolo de elevarse sobre las influencias mundanas), en otras palabras cuando no se pone completamente al servicio de Dios dejando de seguir ocupándose de sí misma. (Por esta causa, la egolatría y el egoísmo son asfixiantes para el alma).

Por último, debemos dar a María total y perpetuo gobierno sobre nuestro suelo para que con ello pueda retirar toda la cizaña (la acción de Satanás en nuestra vida) La cizaña son las influencias hostiles y venenosas. María puede “transformarla” mediante nuestra oración (conversión) y eliminarla. Esto ocurrirá al tiempo de Dios; pues algunas veces es bueno para nosotros que permanezca algún tiempo, para ejercitarnos en las virtudes y enseñarnos a rezar con el corazón. Debemos tener confianza en que nuestro sembradío puede alcanzar su completo rendimiento, cuando pertenezca completamente a María: tanto el mismo suelo como la simiente, el procesamiento, el tiempo de sembrar y el cuidado.




CAPÍTULO 3

LAS MAGNIFICENCIAS DE MARÍA, ESPEJO DEL PODER DE DIOS

La total consagración a María de nosotros mismos y de toda nuestra vida es un gran paso. Para muchas almas no es fácil romper con el patrón de vida acostumbrado y entregarse a sí mismas completamente. El primer umbral que se debe de superar se encuentra en la pregunta: A quién estoy entregando todo esto? Dos partes que sellan una alianza o un convenio pueden obtener la confianza de hacerlo, hasta que se conozcan una a otra suficientemente. María conoce todo nuestro ser y nuestra vida totalmente, pero conocemos a María suficientemente por nuestra parte, como para confiarle un ilimitado y absoluto poder sobre nosotros?

Para hacer a usted más fácil el mayor paso de su vida, la total e incondicional consagración eternamente duradera de usted mismo y de su vida a María (dicho de otra forma: para quitarle su posible miedo al umbral en la entrega de usted mismo) quiero presentar las veinte mayores magnificencias de María. Nuestra Señora personalmente me ha dirigido en esta selección. El objetivo de este corto debate es el siguiente: dar a usted  un conocimiento un poco más profundo del ser de María e incentivarle a alabar el inagotable y perfecto amor y el incomparable poder de María, y a creer totalmente en Ella.Un Ser, que está revestido del amor y el poder del Mismo Dios puede hacer grandes milagros. El mayor de los milagros es la total transformación y santificación de nuestra propia alma. María puede esto (poder) y quiere esto (amor). Permita usted que Ella Misma rompa toda su resistencia. Pertenezca usted a Ella.

Vea usted ahora por qué vale la pena que usted se disponga a ser de Su propiedad y posesión:

1. Inmaculada Concepción

María es la única alma en la completa historia de la humanidad que ha sido concebida sin mancha. Esto significa que Su alma fué hecha por Dios, para ser totalmente libre de las huellas del pecado original. Por ello, María es la única persona a la que le ha sido sustraído la necesidad de la redención. Esto se debe a que Ella es la única persona que ya en Su concepción (la efusión del Espíritu Santo en el seno Su madre) disfrutó del fruto de la posterior obra de redención de Jesucristo. Ya que el pecado original hace al alma receptiva hacia todos los pecados posibles, esto significa a la vez que María desde un principio llevó en Sí el germen de la más grande santidad. Ya por sólo esta causa María es la más grande Santa de todos los tiempos y no puede ser sobrepasada en santidad por ninguna otra alma.

Por esta cualidad única María será llamada un alma “divinizada”: Ella es el perfecto espejo de la magnificencia de Dios, porque en Su alma no hay ni una sola mancha y ni una sola impureza. El privilegio único de la inmaculada concepción le ha concedido al alma de María la constitución necesaria para posteriormente llevar en Su seno al Hijo de Dios. Ninguna otra alma hubiera sido apropiada para ello; pues todas las demás almas llevan el pecado original. Ciertamente el santo sacramento del bautismo constituye un contrapeso para el pecado original, pero lo que queda en cada alma, aún después del bautismo es la huella del pecado original. Podríamos comparar esa huella con una cicatriz, que queda después de una herida. La herida ha desaparecido, pero queda remanente un tejido cicatrizado, y este tejido obstaculiza la función normal del tejido que está alrededor.

Así podemos decir también que la huella del pecado original dificulta que el alma funcione perfectamente: Ella seguirá siendo más receptiva a los ulteriores pecados diarios. Por Su inmaculada concepción, María nunca conoció este impedimento y Su alma conservó la capacidad de funcionar perfectamente, como Dios lo previó originalmente para el ser humano: en perfecta concordancia con Su pensar, Su sentir, Sus planes y Sus obras. Quién mejor apropiado que María para guiarnos como nuestra indiscutible Señora? La inmaculada concepción constituye el fundamento del poder de María; pues Dios no le niega nada, porque Ella es la única alma humana que está perfectamente en concordancia con el Ser de Dios, Sus planes y Sus obras.

2. Esposa del Espíritu Santo

Después del pecado original la humanidad se descarriló muy rápidamente y muy profundamente con respecto al camino que Dios había previsto para el alma. El ser humano ya no vivía según el plan de Dios, y Dios quiso darle a la frágil humanidad la oportunidad de encontrar el camino correcto a Dios y eliminar el fatal efecto del pecado original. En efecto: el pecado original hizo imposible que las almas llegaran jamás al cielo. Cuando Dios dispuso que Su Hijo debía venir al mundo para liberar a las almas de la imposibilidad de ver alguna vez el paraíso, y para adoctrinar a través de sus sermones a las almas sobre la única verdad de Dios, escogió a María para concebir al Divino Redentor en Su seno maternal. Ella accedió
(“Hágase en Mí según Tu palabra”)y con ese consentimiento hizo que Su seno se abriera para acoger en Sí la Simiente Divina. Esta efusión de la Simiente del Hijo de Dios fué confiada a María por el Espíritu Santo. Por esta causa Ella es llamada la Esposa del Espíritu Santo. Esta propiedad le ha a dado a María un poder inconcebible: A una palabra Suya, puede derramar los dones y las gracias que Ella Misma escoja. Por ello María posee un poder absoluto de hacer de nosotros unos santos, en la medida en que contribuyamos a ello completamente: pues mediante repetidas imperfecciones en la aplicación de las virtudes y en la entrega podríamos disminuir nuestra propia predisposición a la santidad.

3. Madre del Mesías

Dios habría de mandar a Su propio Hijo al mundo, para rescatar a la frágil humanidad de la muerte eterna (del hundimiento eterno causado por la imposibilidad de llegar al cielo). El Mesías (el Enviado y Ungido de Dios) debía de venir al mundo en una forma humana. Así lo dispuso Dios; pues la redención de las almas humanas debía ser universal y perfecta, y ese sólo podía ser el caso, al hacer aparecer al Mesías en forma de un recién nacido, con toda sus debilidades, y en un cuerpo que sería víctima de todas las necesidades humanas. Sólo así podía Cristo santificar todos los aspectos de la vida humana al incorporar a ellos todos los méritos de Sus propios sufrimientos ofrecidos en sacrificio. María habría de ser Su Madre. Para ello recibió el singular privilegio de la inmaculada concepción, dió Su Sí, (la aseveración ante Dios de que quería esa maternidad; pues Ella entendió que eso  le acarrearía incomparablemente grandes dolores y privaciones) y mantuvo Su alma , Su corazón, Su espíritu y Su cuerpo inmaculadamente puros y completamente libres de pecado. Así llegó a ser la excelsa elegida Madre del Mesías.

Esta propiedad la hizo todavía más poderosa. El Padre Eterno le concedió inconmensurables gracias, el Espíritu Santo le derramó la Divina Simiente y el Mismo Hijo acogió Su seno como Su habitación y se apreció después, de niño, a ser alimentado educado y guiado por Ella. De qué poder goza la Mujer que es tan agraciada por Dios, a la que se le quita el pecado original y que después se le permita dar alimento al Hijo de Dios con su leche maternal, educarlo de niño y darle órdenes, y sobre todo: que Él la obedeciera completamente todo el tiempo en el que todavía no comenzaba Su vida pública para el Reino de Dios. Cómo puede aprobar Dios que seamos desconfiados hacia la total entrega de nosotros mismos a María mientras Él Mismo le confió a Su Hijo Divino?

4. Eternamente Virgen

María fué completamente libre de pecado y por consecuencia perfectamente pura. La pureza es la propiedad por la cual el alma posee la capacidad de reflejar completamente la luz de Dios o de transferirla completamente a otras almas. La perfecta pureza significa que el alma tiene un resplandor sobre otras almas que les recuerda a éstas a Dios Mismo. Sólo María poseyó esa propiedad en una forma de tal modo perfecta, que se le ha llamado “Espejo de Dios”. Incluso la concepción de un niño en Su seno ocurrió sin que se desviara de la similitud con Dios: Fué Madre sin la intervención de otro ser humano. Por ello María ha disfrutado de un otro privilegio único: el de la eterna virginidad. Esa propiedad era necesaria, para que nunca hubiera alguna duda sobre la procedencia del niño en Su seno: Sólo cuando María nunca hubiera tenido contacto físico con un hombre, se podría suponer que el niño no tenía origen humano. Ella permaneció virgen aún después del nacimiento del Mesías. Ella conservó intacto este extraordinario privilegio y nunca quiso que su santísimo cuerpo fuera profanado por ninguna intimidad humana. Este mérito ha contribuido también al poder sin precedente de la Santísima Virgen. Cómo puede ser una persona más perfecta, si la vida entera se abstiene de lo mundano para estar completamente dirigida hacia la Divinidad? Es una ley divina, el que un ser que está totalmente dirigido a Dios será revestido por Sus propiedades.

5. Madre de los dolores

Al acceder al requerimiento de Dios de ser la Madre del Mesías hecho hombre, María accedió a llevar una vida de total autodonación. El Redentor debió llevar una vida de sufrimeinto redentor. Se sobreentiende que María como Su Madre también tomaría parte en ello. Su sufrimiento inconmensurable durante la Pasión de Jesús fué sólo una parte de una vida de dolores nunca antes conocidos. Lo que por ejemplo no se ha derivado del Evangelio son las innumerables penas y privaciones de la peregrinación por Tierra Santa que también María repetidas veces soportó, así como los continuos dolores y angustias debidos al odio que tuvo qué experimentar Jesús, y Su misión de ayudar a expiar y a cargar con los pecados de las almas, en Su propio cuerpo y Su propio corazón. La propiedad de llevar consigo los dolores en el propio cuerpo es durante la Pasión de Jesús ostensible: Ella sintió el sufrimiento de Jesús en su propio cuerpo y Su propio corazón. Los merecimeintos incomparables que María acumuló por los innumerables dolores, han contribuído en una gran dimensión a Su poder: El alma que lleva una vida en completa concordancia con las expectativas de Dios, consigue una gran influencia en el corazón de Dios. María llenó ese requisito más que ninguna otra alma que haya jamás vivido en la tierra, por su perfección en el amor y en la aceptación de todos los sufrimientos, hasta la aceptación del cruel sufrimiento y la muerte en la cruz de Su Hijo.

6. Corredentora

Esta propiedad o función de María está estrechamente relacionada con la anterior. Jesús fué enviado al mundo por una sola causa, vivir allí durante 33 años como ser humano, de hecho, para librar a las almas humanas de las cadenas que les impiden ir al cielo. (Un alma encadenada es un alma que está aprisionada por el pecado). Esto Él lo habría de hacer mediante Su sufrimiento y Su muerte en la cruz, y en el hecho de predicar la eterna verdad; pues el conocimiento de la verdad (la ley de Dios) también libera. María como Madre del Redentor fué por ello llamada automáticamente a un papel clave dentro del gran plan de redención. María fué la cuna de la cruz: mediante la aceptación de la maternidad divina hizo posible a fin de cuentas el sacrificio redentor de Jesús. Ella fué en Su corazón siempre una con Jesús: Ella fué la única alma humana que vivió plenamente en concordancia con los planes de Dios y por ello tuvo parte, en una extraordinaria dimensión, en las propiedades y gracias de Dios.  (Esto es el significado de la invocación con la que María, en el “ave María” fué llamada “llena de Gracia”). Y Dios le ha regalado innumerables privilegios, entre otros un conocimiento excepcionalmente profundo de los misterios divinos, por lo tanto también del misterio de la redención. María era por eso perfectamente apropiada para redimir a la humanidad junto con Jesús como desde un solo corazón.

El mayor sacrificio de la Pasión fué compartido por María muy intensamente; Ella sintió los dolores y también los tormentos físicos de Jesús también en Su propio cuerpo, con base a los misterios del sufrimiento compartido (dos almas que juntas ofrecen un sacrificio mediante una transferencia dirigida por Dios entre sus dos cuerpos y sus dos corazones) María es llamada por esto con razón la Corredentora de la humanidad. Este misterio ha sido dispuesto por Dios, porque la humanidad no sólo por Dios (Jesucristo) pudo haber sido redimida: Toda liberación de un alma es según la ley de Dios cuando por lo menos un alma humana es incluída en el sacrificio necesario para ello. Incluso en casos en los que por un milagro ocurre una conversión, (esto es, por la directa acción de Dios) son normalmente las oraciones y sacrificios de otras almas las que motivan esta acción. En el caso del extraordinario sacrificio de la redención  de toda la humanidad, sólo María era apropiada para tomar parte en ello, porque ese sacrificio debía ser compartido por la divinidad de Cristo y la más perfecta de las almas, María.

Es de gran importancia que María sea reconocida oficialmente como Corredentora y acogida por todas las almas como tal, para que Ella pueda ejercitar en plenitud Su indescriptible poder como Reina de los últimos tiempos para la consumación de la plena liberación de la humanidad. Recordemos que María no solamente es la cuna de la cruz (y por consecuencia de la redención) sino que también por esto es la cuna de la redencón de nuestra propia alma, que se realiza también principalmente mediante los merecimientos de nuestras propias cruces de cada día. Alabemos y agradezcamos a María; pues Ella ha sacrificado Su vida por nosotros, como también Jesús lo hizo.

7. Madre de todos los seres humanos

María pasó a ser en el Gólgota, al lado de la cruz de Jesús, la Madre de todos los seres humanos.
(“Mujer, he ahí a Tu hijo! Hijo, he ahí a tu Madre”)Éste ha sido uno de los más grandes regalos de Dios a la humanidad. Todos los seres humanos de todos los tiempos fueron puestos por el agonizante Hombre-Dios bajo el cuidado de María, que eternamente habría de ser Madre de todos los seres humanos. Una madre es dentro de la familia la primera educadora, aquélla que carga la preocupación por las necesidades diarias de los hijos, aquélla que les enseña a los hijos las cosas que necesitan para entrar en la vida. Todo esto y mucho más hace María por nosotros, si le damos la oportunidad de ser realmente nuestra Madre.

Como Madre tiene también un poder preferencial sobre nosotros; pues una madre determina muchos factores del transcurso de la vida y del equipaje para el camino por la vida de sus hijos. Nuestra actitud ante María como Su total consagrado y en Su atributo como Madre, debe ser la de un niño indefenso, que depende totalmente de su madre en la alimentación, vestido, aseo y el aprendizaje de las palabras más importantes. María hace todo esto por nuestra alma: Ella nos puede alimentar con Su compañía, vestirnos con Sus propias virtudes, lavarnos cuando estamos extraviados y hemos ensuciado nuestra alma, y darnos enseñanzas en la verdad de Dios, para que nuestras palabras también sean palabras de vida eterna para nosotros mismos y para nuestros semejantes. María quiere alimentarnos con Su leche materna desde el primerísimo acto de consagración: Ella Misma nos da de beber, Ella nos estrecha en Su pecho para que aprendamos a escuchar los latidos de Su corazón y hace que nuestra más grande alegría sea descubrir que Su corazón de Madre se alegra cuando la seguimos, y se aflige cuando actuamos contra Sus instrucciones. Si bebemos de Su leche materna, incorporamos Su santidad en nosotros.

8. Reina del cielo y de la tierra

Cuando María, después de una vida de incomparables merecimientos fué llamada por Dios, fué acogida en el cielo en alma y cuerpo. Con esto presentó Dios la prueba de la sobrehumana pureza de María y su santidad sin precedente: El cuerpo humano es la relación del alma con la tierra, el mundo, o sea, el territorio de toda impureza. Por Su acogida en cuerpo y alma en el cielo, Dios Mismo ha brindado a María una glorificación extraordinaria. A Su llegada en el cielo se postraron todos los ángeles y santos a Sus pies; pues Dios había previsto Su coronación como Reina del cielo y de la tierra. La belleza de María era deslumbrante e incomparable, porque tanto Su alma como también Su cuerpo eran tan perfectamente puros, que la luz de Dios se irradiaba sin impedimentos a través de Ella, de modo que salía de Ella una flagrancia que superaba en una medida infinita a la del sol. Dios la coronó como Reina sobre todas las cosas. El depositó todo bajo Sus pies y le dió un poder eternamente duradero sobre todas las cosas.

En realidad, María ya estaba predestinada para esto por todos los siglos. Antes de que el ser humano fuera creado, Dios tenía en Su mente el germen de María y lo presentó ante los ángeles diciéndoles que esa Mujer sería su Señora por todos los tiempos; que Ella, como ser humano, tomaría parte en la realización de un gran misterio. Lucifer (que después se llamó Satanás), que entonces era el principal dirigente de los ángeles, respondió a esto que él jamás permitiría que una mujer en forma de ser humano fuera su Señora, que él (Lucifer) era el más grande. Nunca permitiría el dominio de esa Mujer sobre él. Él consiguió muchos seguidores entre los ángeles. Como ese grupo de ángeles no acogieron la gran disposición de Dios, fueron expulsados del cielo por los otros ángeles bajo las órdenes del Arcángel Miguel (en ese entonces el de segundo rango tras Lucifer). En adelante se llamarían “los angeles caídos” (diablos). María es eternamente la Señora de los ángeles y hace uso de los servicios de estos innumerables espíritus para realizar Sus obras con las almas humanas. El servicio incondicional de los ángeles en obediencia ciega a María contribuye al completo ejercicio de Su poder inigualable.

9. Puerta del cielo

María ha sido desde un principio predestinada por Dios para ser la puerta del paraíso. Él hizo que Su Hijo viniera al mundo por María y Él previó la total consagración a María como el camino dorado para las almas, para regresar a Él. No hay un camino más seguro a la eterna bienaventuranza que el de la total consagración a María. Consagrarnos a María plenamente, incondicionalmente y eternamente es seguir un camino que nos lleva por así decir a la puerta del cielo. Esa puerta es María. La estricta aplicación práctica de la total consagracion a María significa llevar la vida con Ella, y recorrer nuestro camino por la vida de Su mano. La consumación de nuestro camino es como pasar a través de una puerta, que básicamente significa que en ese momento, por así decir, podemos experimentar la plenitud de María. Entramos para siempre en Su corazón. En ese momento vemos ya los primeros paisajes del reino del cielo. María abre para nosotros peldaño por peldaño las alegrías y bienaventuranzas que nos hacen penetrar más profundamente en la verdadera vida. Entre más íntimamente vivimos con Ella, más penetrarán los perfumes del paraíso en nosotros.

Pensemos qué poder lleva María en Sus manos también en este atributo: A Ella le fué entregada la llave de la puerta hacia nuestra eterna bienaventuranza. Entre más ardientemente seguimos las enseñanzas que Ella coloca en nuestro corazón, más encendemos en Ella el fuego del deseo de introducir la llave para nosotros en la cerradura. Ella puede, ya durante nuestra vida en la tierra, darnos una muestra de esta gracia, abriendo en determinados momentos brevemente un poco la puerta del cielo para nosotros y regalarnos sentimientos de paz profunda y profunda quietud. Cada momento en que de pronto (algunas veces muy brevemente) nos invade una verdadera paz en el corazón, y una felicidad callada sobre nuestro camino por la vida al servicio de María, es el fruto de una mirada al paraíso que se le concede a lo más hondo de nuestra alma. Todo en la tierra está sometido a lo celestial. Por eso no nos admire que Aquélla que tiene el poder sobre la apertura de la puerta del cielo, más poder tiene sobre todo lo que es mundano, cuando se le da la posibilidad de ejercer realmente ese poder.

10. Mediadora de todas las gracias

Uno de los muchos fundamentos del poder con el que María ha sido revestida, se esconde en Su propiedad como mediadora de todas las gracias. Las gracias son dones que Dios regala para hacer posible, o fructífera, la vida de la persona en la tierra. María ha recibido de Dios la llave de la cámara de Sus gracias. Esto significa que Ella tiene el total poder de disposición sobre el uso de esos tesoros: Ella designa cuál alma recibe cuál gracia, en qué forma, cuándo, cómo, cuánto y por cuánto tiempo. Esto le da un incomparable poder sobre nuestra vida. El poder es la capacidad de influenciar el comportamiento de los demás, de modo que ellos deban hacer determinadas cosas de distinto modo del que ellos mismos quieren, y así tienen qué acoplar su comportamiento a la voluntad de aquél que ejerce el poder. El poder es también la capacidad por la cual tanto el destino de los demás como también las decisiones que toman, de uno u otro modo se verán influenciados por la voluntad de aquél que ejerce el poder. Sobre todo, estos últimos puntos se aplican a María. Por Su poder de disposición sobre las gracias de Dios, María puede influenciar nuestro comportamiento en una gran dimensión y determinar el transcurso de nuestra vida. Esto es aplicable sobre todo para el alma que se consagra totalmente. La total consagración a María significa reconocerla como la única Señora de nuestra vida y de nuestro ser. En este caso, Ella puede ejercer Su poder sobre nosotros ilimitadamente.

11. Intercesora ante Dios

Dios hizo a María tan perfecta y Ella ha correspondido de un  modo tan estricto a este singular privilegio mediante una vida de merecimientos incomparables, que cada palabra que sale de Sus labios posee un incomparable poder sobre el corazón de Dios. La intercesión es la acción de un alma (también nosotros mismos lo podemos hacer) de hablar a Dios en beneficio de otras almas, de manera que los pecados, faltas o negligencias de esas otras almas se pueden reparar total o parcialmente. Dios puede, por la intercesión, dejarse motivar a la comprobación de Su juicio sobre un alma, no porque Su juicio haya sido injusto (pues Sus juicios son infalibles y por lo tanto están sobre toda posible crítica), sino porque Él puede dejarse hacer optar por la clemencia, si un alma apoya a otra alma: Esto es una manifestación de amor al prójimo, y el amor es en todas formas la única fuerza que mueve a Dios en Sus acciones, palabras y decisiones.

Los pecados pueden ser subsanados por el poder del amor. El amor puede ser testimoniado de muchas formas (sufrimiento sustituído, ofrecimiento del propio sufrimiento, consagración, oración, renuncia, penitencia, sacrificio, también intercesión). No hay una sola alma que jamás haya poseído una capacidad mayor de amar incondicionalmente y ardientemente que María. Precisamente por ello está en condiciones de suavizar los juicios de Dios, y a muchas almas que por causa de sus graves cargas de pecado hubieran merecido la eterna condenación, gracias a Ella les fué conmutado su justo castigo por un período de reconciliación en el purgatorio. Así es como María posee un inconcebible poder de influir en el eterno destino de las almas. Simplemente por esta causa ya la humanidad tiene una profunda deuda con Ella. Sin embargo, a María se le ha demostrado poco agradecimeinto por ello.

12. Terror de los demonios

María fué ya una imagen de terror para el demonio y su séquito desde el momento en el que Dios la presentó a todos los ángeles como su Señora por todos los siglos, (ver arriba el punto 8). Cuando se les reveló a los ángeles congregados ese divino decreto sobre el señorío de María, los ángeles que accedieron se llenaron de alegría, y los ángeles que no estuvieron de acuerdo, se llenaron de odio hacia María, pero también de miedo de Ella porque tuvieron qué reconocer que Ella había adquirido un insuperable poder sobre ellos. Durante Su vida en la tierra María los humilló hasta el extremo (a los ángeles caídos, los demonios), mediante una vida de incomparable santidad. Desde Su glorificación en el cielo lo hace todavía más. Si las almas reconocieran cómo tiemblan de miedo los demonios con sólo  escuchar el santísimo nombre “María”, tendrían una completa confianza en Ella y se entregarían a Ella con mucho menos inhíbiciones en una consagración total.

Lo que el ser humano ve a su alrededor, son principalmente todas las manifestaciones del poder de Satanás y su séquito. Lo que normalmente casi no nota (porque la mayoría de las almas no tienen la apertura para ello) son las innumerables manifestaciones del infinitamente mayor poder de María, Quien es la verdadera Señora de la Providencia Divina para todos los que le ofrecen la oportunidad de realmente intervenir en su vida, y de concertar todas las reglas que les garantiza una vida de salud y bendiciones. El poder del demonio está restringido hasta el límite que nosotros le impongamos mediante nuestra decisión de hacer crecer nuestra alma en la santidad, y mediante nuestras fervorosas peticiones a María por fuerza y protección contra las influencias del mundo. El poder de María, por el contrario, no tiene ninguna clase de límites. Ella posee el poder de Dios Mismo y lo puede ejercer en la medida en que nosotros nos dejemos regir y gobernar por Ella. Demos a María la oportunidad de ser realmente nuestra Señora y Ella postrará a Satanás bajo Sus pies en nuestra alma y en nuestra vida. En nosotros mismos puede ser humillado para siempre, y precisamente por Aquélla que tiene todo el poder para ello.

13. Tabernáculo de la Santísima Trinidad

Un tabernáculo es un lugar de estancia sagrado, en el que la Divinidad habita. María ha llegado a ser un tabernáculo viviente: Ella llevó en Sí desde un principio la más rica diversidad de simiente del Padre Eterno, fué totalmente colmada del Espíritu Santo y llevó nueve meses al Hijo de Dios en Su seno. Además lleva por toda la eternidad el corazón y la divinidad de Jesús en Su propio corazón y está por toda la eternidad perfectamente unida con el Espíritu Santo. María es llamada la sede de la sabiduría, porque lleva siempre y en todas partes Consigo al Espíritu Santo. De este modo es María en alma y cuerpo el tabernáculo del Dios Trino, lo que concretamente significa que Ella es santificada completamente y hasta en todas las profundidades de Su ser. También por eso se dice que María es “divinizada”; pues Su ser íntegro está penetrado por la Divinidad. En virtud de este privilegio, en María la divinidad y la humanidad básicamente no se pueden separar más: Cuando al agua le agregamos leche, cómo podríamos entonces separar lo uno de lo otro?

14. Puente entre cielo y tierra

María esta predestinada a ser un puente entre el cielo y la tierra, unión entre Dios y las almas. Un puente es una construcción que está designada a formar una unión por ejemplo entre las dos orillas de un río. El río constituye por así decirlo un abismo que hace imposible el paso continuo de una franja de tierra a otra (a menos que sea de un modo diferido, o sea no se puede ir a pie o en un auto o tren, sino nadando o en un barco sobre el agua misma): El puente es entonces un enlace, que difícilmente podemos rodear, a menos que estemos dispuestos a un esfuerzo adicional. Así da Dios a entender, que a María difícilmente se le puede rodear, si un alma quiere ir al cielo o quiere ponerse en comunicación con el cielo.  Esto significa que María puede ser de mucha ayuda para llevar nuestras oraciones en estado puro a Dios, para facilitarnos nuestro traslado a la eterna bienaventuranza y también a transferir a nuestro corazón las inspiraciones de Dios. María es más apropiada que ningún otro para conducirnos con seguridad a Dios. Su poder se deriva aquí de su posición sublime y privilegiada. Ella es prácticamente imprescindible para toda alma que quiere entrar en comunicación con Dios o que quiera establecer su paso a la eterna bienaventuranza de un modo menos peligroso, así como para toda alma que quiera hacer útiles sus merecimientos ganados en la tierra para la distribución de las gracias de Dios entre las almas.

Esto no significa que no podemos rezar sin invocar a María, pero sí que la efectividad de toda nuestra comunicación con Dios se elevará en una gran medida cuando hacemos intervenir a María (que a través de Su corazón vayamos a Dios, como sobre un puente, que nos ahorra que tengamos qué ir vadeando por el agua o ir nadando). Por el hecho de que Dios presenta a las almas a María como un espejo de Su poder y como ejemplo de la humanidad absolutamente glorificada, aparece Su propiedad como puente entre cielo y tierra más claramente. Es como si Ella se inclinara con los brazos abiertos del cielo hacia la tierra para ayudarnos a franquear ese abismo entre los dos, el cual no podemos superar con nuestras propias fuerzas.

15. Madre del perpetuo socorro

El incomparable poder de María hace que Ella sea la adecuada auxiliar en todas nuestras necesidades. Ella asiste a Sus hijos (esto es, a todas las almas humanas) durante toda su vida, pero Su ayuda será fructífera sólo en la medida en que esa ayuda sea realmente solicitada y aceptada. La ayuda no se impone, será dada hasta el momento en que se la pidamos. Por eso disfrutan todos los consagrados de María el pleno efecto de Su perpetuo socorro: para aquéllos que están consagrados completamente a Ella y aplican su consagración realmente en todos los aspectos de su vida diaria, María es sin interrupción la gran ayuda en su camino por la vida. Se habla de real consagración, cuando incluímos a María en todos los detalles de nuestra vida. El poder de María como Madre del perpetuo socorro se basa en Su capacidad de asistir a la vez a todos los seres humanos que invocan Su ayuda haciéndolo de un modo insuperable. Ella es también la única que en todos los aspectos de nuestra vida (también de nuestra vida interior) puede guiarnos y ayudarnos. No hay ni un sólo ámbito de nuestra vida en el que María no nos pueda ofrecer Su perfecta ayuda; pues a Ella se le han puesto en las manos todo poder y sabiduría. Ella lo puede todo, Ella lo sabe todo y Ella está dispuesta a todo, si está en concordancia con el plan de Dios.

16. Reina de la paz

María ha sido hecha por Dios Reina sobre todas las cosas. Ella es también la Reina de la paz. Ella lo es en diferentes aspectos. María es el amor viviente. Donde Ella despliega Su acción no puede florecer ninguna guerra, ninguna desavenencia y ninguna pelea. Pero principalmente Ella es la Señora sobre los corazones que aceptan este señorío. Un corazón en el cual Ella ha entrado, se transformará en un castillo de paz interior. La verdadera paz de corazón es el fundamento de un corazón que será modelado por María para llegar ser un edificio de santidad. Aquélla que posee el poder de depositar en los corazones la verdadera paz, la paz de Cristo, posee con ello el poder de hacer esos corazones cada vez más insensibles a toda clase de tentaciones. Esta capacidad constituye una de las muchas armas con las que María somete a Satanás a arrodillarse a Sus pies. Al fecundizar a los corazones con la verdadera paz interior derrota al demonio en esos corazones. Así deposita el germen para el Reino de la paz y el amor de Dios en la tierra. En la medida en que la verdadera paz de corazón gobierne a más almas puede desterrarse del mundo toda desavenencia, toda pelea y toda guerra. Así se le quitará a Satanás mucho viento de sus velas; pues él es el que trata de arruinar a la humanidad sembrando la simiente de la discordia, descontento, disgusto y riña en los corazones.

17. Portadora del poder de Dios

María ha sido revestida por Dios con Su poder. Ella fué designada por el Altísimo para ser en todo Su representante, su apoderada, ante las almas humanas. Los misterios divinos le han sido revelados a Ella; Ella porta todos los conocimiento de éstos. Ella ha recibido todo poder de llevar a cabo todos los designios divinos. El Dios Trinitario ejerce Su poder creador a través del Padre Eterno, el poder redentor a través del Hijo y el poder santificador a través del Espíritu Santo. María me ha revelado que Dios la ha revestido como única criatura con Su poder. Como Corredentora tiene parte en el poder redentor, como Esposa del Espíritu Santo tiene parte en Su poder santificador. El poder creador descansa en el Padre Eterno, sin embargo especialmente en estos últimos tiempos (los tiempos en los cuales la última victoria de “la Mujer” sobre la serpiente (Satanás) ha sido prevista) Dios ha revestido a María con el poder neo-creador: Ella posee el poder soberano de crear nueva vida, en otras palabras: transformar el poder o guarecerlo.

Ella ha recibido el eternamente duradero derecho de ejercer ese poder de un modo soberano, esto es, por Sí Misma, según Su propia voluntad. Este privilegio lo disfruta María en virtud de Su inmaculada concepción y Su eterna carencia de pecado. Estas dos propiedades han hecho corresponder el ser de María con la imagen ideal, “de ser y vivir a imagen y semejanza de Dios”. María es una criatura y por lo tanto no es de naturaleza divina. Pero Dios la ha “divinizado” en el orden de la gracia. Esto significa que Él le ha regalado el singular privilegio de acercarse a Su Ser de tal modo que Ella, aunque no toma parte de Su Ser divino, está revestida con los rasgos de Su Ser, o sea con el poder que está relacionado con esos rasgos.

18. Señora sobre tentación y pecado

María es la única alma humana que en ningún instante se doblegó ante el poder de Satanás. A él nunca se le realizó hacer que Ella cediera a tentación alguna. Me remito a los puntos 8 y 12 en este capítulo y hago la indicación que María en todo momento ha tenido a Satanás bajo Su poder. En la creación del germen de Su vida en el corazón de Dios fué presentada a los ángeles como Su Señora. Aquéllos que se quisieron sustraer de este señorío, fueron humillados por Ella en sus infructuosos intentos durante toda su vida de derribarla. Ahora estamos viviendo los tiempos en los que la victoria final de la Mujer sobre la serpiente diabólica está en marcha.

El por qué este mundo parece estar bajo el completo dominio de Satanás tiene dos causas: Primero, las almas humanas ceden en masa y sin inhibiciones a las innumerables seducciones de la sociedad moderna, de modo que María no puede actuar porque la ley de Dios ordena que la voluntad libre de los seres humanos debe ser respetada. Segundo, la serpiente ocasiona muchos daños aún cuando yace serpenteante bajo el pie de María: El diablo se dá cuenta cada vez más del poder ilimitado de María y trata sin éxito de evadirse de él. Él se tuerce en tal medida tanto más cuanto más almas se consagran totalmente y aplican esa consagración estrictamente en la práctica. Una serpiente que se está zarandeando, golpea con su cola y puede causar muchos estragos.

Por el poder total de María sobre todo pecado y tentación puede ser nombrada remedio contra toda tentación. Quien tiene la sensación de que existe una debilidad que le permita dar oídos a una tentación, puede ser liberado pidiéndoselo a María. Ella hace valer Su poder sobre Satanás y puede “subyugar” al alma de modo que ésta de pronto ya no siente la urgencia de ceder a esa necesidad que fué despertada mediante esa tentación. Esta oculta influencia de María sobre los corazones humanos se puede estimar como una de las mayores manifestaciones de Su poder; pues la liberación de un alma de una tentación y con ello la preservación de pecado, es propiamente un milagro que se repite constantemente. Cuando María es llamada “Refugio de los pecadores” debemos entenderlo así: Quien por las tentaciones se siente sucio o agobiado por pecados cometidos, puede esperar curación y bendición cuando se arrodilla a Sus pies y abre su corazón para Ella. A menudo se despierta en esa alma también la apropiada inspiración y el valor necesario para una confesión exhaustiva.

19. Señora de todas las virtudes

Las virtudes son propiedades que el alma debe desarrollar juntas para alcanzar un grado más alto de perfección (santidad). Todas estas propiedades, que en realidad son pieza por pieza granos de simiente que Dios ha depositado en nuestra alma, pero que sólo maduran y germinan en la medida en que nuestros propios esfuerzos utilicen ilimitadamente las gracias derramadas, estaban presentes en María en absoluta perfección. Ella es la Señora de todas las virtudes porque Ella ya desde niña dominaba todos esos elementos de la perfección o de la santidad. Si no hubiera poseído la absoluta perfección, Dios no la hubiera instituído como Reina de los ángeles ni la hubiera coronado como Reina el cielo y de la tierra. La propiedad como Señora de todas las virtudes hace de María la más apropiada entre todas las almas glorificadas para guiarnos a nuestro propio camino hacia la santidad; pues para ello han sido llamados los cristianos. Quien trata de seguir María hasta en todos los detalles y la obedece puntualmente en Su trabajo de asistencia en el camino de su vida, encuentra en Ella la maestra perfecta y la perfecta Señora. Ella posee todo lo que es necesario para gobernar en toda nuestra vida y todo nuestro ser. La expresión que dice que debemos permanecer bajo el manto de María significa nada menos que debemos de rezar para que Ella nos revista con Sus virtudes. Bajo el manto de María está en cierto modo suspendida la plenitud de Su perfume de santidad, que nos puede penetrar más fuertemente entre más nos acerquemos a Ella. En cuando le demos a conocer a María nuestro deseo de que edifique en nosotros Su reino, puede Ella comenzar a realizar milagros en nosotros, para lo cual ha recibido todo poder. Confiemos en Ella, Ella es el perfecto espejo de Dios.

20. Señora de todas las almas

En Noviembre 2005, María comenzó a revelarse a “Myriam” de un nuevo modo: de pronto se nombró a Sí Misma “la poderosa Señora de las almas”. María Misma recalca que esa propiedad la revela ahora como la propiedad por excelencia para los últimos tiempos. Voy a ddejar que Ella Misma aclare esta propiedad en base a extractos de Sus revelaciones a mi persona:

“Es la voluntad de Dios que Yo, en esta hora de la humanidad sea conocida como la Señora de las Almas. Como Señora de las Almas se revelará el poder infinito que Dios me ha dado sobre las almas por el cual habré de ser la imagen reflejada de Dios en los corazones. Yo gobierno en los corazones que están completamente consagrados a Mí (…). Como Señora de las Almas, quiero preparar a los corazones para el Reino que Mi Hijo predicó en la tierra y cuyo estandarte en la tierra Él en Su cruz plantó. Así quiero llevar la verdadera vida divina a las almas. Mi poder será aquel que creará nuevamente lo que yace en los escombros; pues Yo soy el puente entre el cielo y la tierra (…)”.

Una semana después siguió revelando María: “El milagro de milagros, el Reino de Dios en la tierra vendrá cuando las almas humanas sepan llevar en sí a la perfección Mi Amor y pidan por la acción de la voluntad de Dios. El Si de Dios se hará oir, en cuanto Yo, como Reina del cielo y de la tierra y Señora de las Almas pida por la plenitud de Mi poder por esa unión entre el amor y la voluntad de Dios. Yo soy la Mujer, en Mí yace el fruto del reino y por ende el poder de la victoria de la luz”.

Todavía unos días después: "A tí te encomiendo la preparación de los corazones al recibimiento y al reconocimiento de esa verdad: María es la soberana Señora de las Almas.”

Más tarde dijo María: “En la contemplación de Mi poder aplastante como Señora de las Almas, también las ruinas de los templos caídos se levantarán en deseo de Mi habitación en ellos”. (Bajo “templo” María entiende las almas; las “ruinas de los templos caídos” son almas que por el pecado, indiferencia, tibieza, etc. se han extraviado lejos de la vida cristiana y por ello ya no llevan en sí la verdadera fuerza de la vida.)

Después reveló María: “Entre las criaturas nadie fué jamás mayor contradicción hacia el mundo y Satanás que Yo. Satanás me odió desde un principio por Mi poder sobre él. Yo, una mujer con sangre humana, fuí presentada ante él como su Señora. El Altísimo exigió desde un principio la total sumisión de todo ser a Mí.  Él espera esto aún más en estos tiempos, donde ahora repercute Su plan de salvación en todos sus detalles. Yo soy la ejecutora de ese plan. Por eso espera Dios más que nunca que la iglesia militante me reconozca y me confiese la Señora de las Almas. Denominarme así significa una bofetada a Satanás. La total sumisión de un alma a María lo enloquece de impotencia. Dí a las almas que Yo, cada vez que ellas me invocan con amor y con profunda veneración como “poderosa Señora de las Almas obligo al demonio a arrodillarse a Mis pies.”

Después dijo María: “El Altísimo solicita en estos últimos tiempos la revelación del ilimitado y soberano poder de María, la Inmaculada Concepción, como Señora de las Almas. Él quiere revelar el poder que Yo ejerzo sobre las almas humanas y sobre Satanás y su séquito.”

Ella siguió revelando: La gracia de Dios de la liberación de la humanidad espera el reconocimiiento de Mí como Señora de las Almas.”

Más tarde: “Dado que el Altísimo desea el reconocimiento de la Portadora de Su poder divino en Su atributo de Señora de las Almas y dado que Él desea la sumisión de las almas humanas a Mí, le estoy dando a la humanidad en ese atributo y por el ejercicio del incomparable poder que se me ha dado, la oportunidad de pagar muchas deudas hacia la justicia divina. Con ello se abrirá la fuente del amor divino para descender a la humanidad en un torrente nunca visto. Así conocerá la humanidad esa fuente, como la verdadera fuente de toda vida y tendrá qué entender que Yo he conseguido esto para ellas como Señora de las Almas.”

María reveló a la vez: “Dí a las almas que me deberán reconocer y alabar como la poderosa Señora de las Almas y deberán reconocer que Mi poder las libera de Satanás. El Altísimo desea que Yo muestre de un modo soberano Mi invencible poder sobre Satanás. Yo quiero que las almas sobre todo reconozcan mi poder sobre él antes de lograr que lo ejercite ilimitadamente sobre Satanás. Satanás yace por todos los siglos bajo Mis pies. Mi victoria sobre él ya constaba desde el momento en el que Dios me presentó a él como su Reina y Señora, cuando él todavía era un ángel. Pero yo quiero ver también a las almas humanas a Mis pies, asi como lo desea el Altísimo, mediante una total y vivida consagración a Mí. Dame almas como terreno donde Yo pueda fundar Mi Reino como Señora de las Almas para que como la Reina del tiempo final pueda anunciar el reino de Dios en la tierra. El totalmente humillado demonio bajo Mi poderoso pie y un ejército de servidores a Mis pies serán los trofeos de mi poder. Entonces las almas se darán cuenta por qué seré llamada la Reina del Amor”.

Más tarde dijo María: “Yo soy la poderosa Señora de todas las Almas, pero sólo una pequeñisima parte de las almas me reconoce como Señora. Fuera de Dios han sido sometidos a Mí todos los seres, todas las cosas, todas las almas, en el cielo, en la tierra y bajo la tierra. En el cielo voy a ser saludada y alabada temblando de respeto y se me servirá con tembloroso respeto. Fuera de Dios yace a Mis pies la completa e inmensa corte celestial. En el infierno he de ser maldecida y odiada. En la tierra he de ser malentendida, despreciada y desatendida. Muchos me aman, pero son pocos los que yacen a Mis pies”. (María se refiere aquí claramente a los totalmente consagrados a Ella).

En Enero 2006 dijo María: “Yo soy la Señora de las Almas. A mí se me ha dado el poder de transformar todo, de crearlo de nuevo. Por eso deseo tanto que todo sea consagrado a Mí. Cuando se deposite algo a Mis pies se transforma irrevocablemente. Lo que está en concordancia con el plan de Dios será santificado bajo Mis pies. Lo que no concuerda con el plan de Dios será aniquilado bajo Mis pies. Así es que tengo el poder de dar una nueva vida, y aquello que amenaza la vida, de ponerlo bajo cadenas. Si las almas comprendieran el poder de la consagración a Mí, depositarían todo a Mis pies, aún a ellas mismas.”

En base a estos extractos de las revelaciones de la Señora de las Almas sea para nosotros ostensible, con qué poder está revestida María para los últimos tiempos. Por lo tanto estemos conscientes que nuestra total consagración a Ella nos coloca bajo el gobierno de un Ser que puede transformar todo en nosotros.

 



MEDITACIÓN FINAL

En el lenguaje popular se dice que la felicidad no pertenece a este mundo. Esto se aplica particularmente al alma que está enraizade fuertemente en lo mundano. Sin embargo, podríamos ya durante nuestra vida en la tierra experimentar una muestra de la verdadera felicidad. La llave al cofre del tesoro de la felicidad yace en la total consagración a María. Quien se consagra total, incondicional y eternamente a María y aplica en la práctica esta consagración realmente hasta en los detalles de su vida diaria, sentirá en el núcleo de su alma, que ha encontrado la verdadera meta de su vida, su verdadero destino, su verdadera misión. Esta sola consideración consigue ya una quietud y una paz crecientes en el corazón. Incontables son las almas que interminablemente dedican mucho tiempo a la búsqueda del sentido de la vida. Para aquéllos que se han entregado a María completamente ha terminado la búsqueda: La total y completa consagración a María es el verdadero arte de vivir. Ella nos proporciona la verdadera felicidad porque nuestra alma en esta actitud de vida encuentra exactamente lo que siempre había deseado inconscientemente; pues Dios depositó ya en la creación del alma la necesidad de vivir una vida que la prepara a ser acogida por Dios a cualquier instante.

El modo de vivir que corresponde más a este objetivo es el de la total consagración a María. María ha sido predestinada por el Altísimo a ser la Reina del cielo y de la tierra y la Señora de todas las almas. En virtud de Su señorío, y porque Ella es el puente entre Dios y la humanidad, no hay un camino más natural de ir a Dios, que el de la total entrega de nosotros mismos, y nuestro íntegro camino por la vida terrena a María. Ella ha sido instituída por Dios como la Señora sobre la realización del plan de Dios para las almas humanas. Este plan consiste en la redención y la santificación de todas las almas y la fundación del Reino de Dios en la tierra. Por esta causa, María ha sido revestida por Dios con Su propio poder. De modo que también todo lo que vive está en Su poder. Por eso Ella tiene también todo el poder sobre nuestra alma y nuestro cuerpo. Sin embargo Dios espera de nosotros, que nosotros mismos por nuestra libre voluntad nos entreguemos a María; pues hasta entonces podrá Ella usar la plenitud de Su poder para trabajarnos y transformarmos de tal modo que podremos ser como piedras de construcción en el fundamento del Reino de Dios.

María es frecuentemente representada con el globo terrestre bajo Sus pies. Exactamente éste es el gran símbolo de Su absoluto poder sobre todo lo que vive en la tierra. Ella necesitará ese poder para liberar al mundo de Satanás, que gobierna a la humanidad desde el pecado original. Así Ella fundará su Reino en la tierra, que al mismo tiemnpo es el reinode Dios. Nosotros podemos experimentar los primeros frutos del reinado de María ya desde nuestra vida en la tierra, al postrarnos ante Ella y profesar nuestros votos expresamente ante Ella , de que  queremos pertenecerle totalmente, con todo nuestro ser, toda nuestra vida y todas nuestras acciones. Entonces llegaremos a ser por así decirlo un “objeto de uso“ en las manos de María, empero, nuestro pago en la vida eterna no se puede valorar. Como total consagrados de María contribuímos directamente a la realización de las obras de Dios. Sólo la medida en que nuestra vida ha sido útil determina los merecimientos que conseguiremos y que nos dan entrada a la eterna bienaventuranza en el cielo.

Una vida en el extremo servicio a María, la Señora de las almas, es el destino que Dios Mismo ha previsto para todas las almas, porque éste es el camino hacia la realización de Su plan de salvación para las almas. Es nuestro santo deber, preparar a las almas para ser también servidores de María, y es el santo deber de todos los servidores de María de apoyarse mutuamente hasta el extremo en la realización de esta tarea tan difícil pero incomparablemente hermosa y saludable. Los verdaderos totalmente consagrados a María están llamados para servir como fundamento para el regreso del estado de la iglesia joven directamente después de la ascención al cielo de Jesús: un grupo firme de almas burbujeantes de entusiasmo, fe inperturbable, ardiente amor y una devoradora adhesión, solidaridad y ayuda mutua. Estas características serán las señales de María que se grabarán en los corazones.

Para apresurar la fundación del Reino de Dios en la tierra estamos en la hora en que las almas se unan unas con otras como en una cadena de luz, en total incondicional y eternamente duradera consagración a la Santísima Virgen María. La cantidad de los totalmente consagrados debe aumentar y la aplicación práctica de esa consagración a María debe ser verdaderamente profunda. Éste es el único camino a la liberación de la humanidad del dominio devastador de Satanás. Aquéllos que se quejan de la maldad del mundo pueden dar su primera contribución desistiendo de su posición de desánimo hacia sí mismo con respecto a sus semejantes y entregarse totalmente a María en fervorosa oración, en disposición al sacrificio y penitencia. Depositemos almas y caminos por la vida a los pies de María para que Ella reciba la oportunidad de desplegar la plenitud de Su poder que le ha sido dado por Dios. María solicita fervorosas consagraciones para la fundación de Su poder en los corazones. La obra de María en estos últimos tiempos es la coronación de la obra de redención de Jesucristo. Postrémonos con humildad ante María y entreguémonos a Ella en total ofrenda de sacrificio. Son los pies de María los que habrán de liberar a la humanidad para siempre; pues así ha sido dispuesto por Dios por todos los siglos.

La total consagración a María es todavía por otra razón la gran llave al cofre del tesoro de la verdadera felicidad: La consagración a María es un viaje de exploración a lo más profundo de nuestra alma. Ningún otro modo de vivir nos conduce en tal dimensión al conocimiento de nuestro verdadero ser, nuestras debilidades y con ello los puntos en los que debemos trabajar para sacar lo máximo de nuestra humanidad. Así trabaja María: Ella limpia primero el templo en el que quiere vivir y regir.  Esta limpieza es sólo posible mediante el conocimiento de las insuficiencias, debilidades y propensión a las tentaciones. Por ello una vida de total consagración a María es el camino por excelencia hacia un estado que realmente brinde una profunda satisfacción y haga posible una permanente apacibilidad y paz de corazón.

Dios quiere regresar a la humanidad al estado de santidad que poseía en Adán y Eva antes del pecado original. Precisamente por ese motivo es la total consagración a la Santísima Virgen María el camino real a Dios. María es la Inmaculada Concepción, Ella es la única alma humana desde Adán y Eva que jamás haya nacido sin pecado original, y es la única que preservó Su vida entera el estado perfecto de santidad. Por la total consagración a María damos a entender que queremos ser formados según Su modelo, ejemplo y semejanza, lo que en realidad significa un regreso al original estado de santidad que Dios había previsto para las almas humanas.

En este sentido debemos ver la total incondicional y eternamente duradera consagración a María, que será seguida estrictamente en la vida de todos los días, como el  último medio de  salvación para las almas y para el mundo como  un todo. La consagración a María total e intensamente aplicada es la última fuente de la veradera felicidad. Esta es también la índole del mensaje que María en su atributo de “la poderosa Serñora de todas las almas” nos viene a enseñar en sus revelaciones a “Myriam van Nazareth”. Lo agradable consiste sobre todo en que las almas serán motivadas por Su Señora a contribuir ellas mismas a su liberación.

Vivir en total consagración a María, cuando esa consagración es aplicada estricta y ardientemente, significa a la vez vivir en concordancia perfecta con la voluntad de Dios y con los planes de Dios; pues María es la única alma que jamás haya vivido perfectamente en el agrado de Dios. María se ha puesto la meta de santificar a Sus consagrados. Es nuestro santo deber, darle la oportuinidad para ello, mediante una vida en un concienzudo afán por todas las virtudes y en total abnegación para la realización del gran plan de Dios: la fundación de Su Reino en la tierra.

Todo lo que sea consagrado con fe y verdadero amor a María despojará a Satanás de su ámbito de influencias. Por esta causa nada es más apropiado para traer la luz al mundo que la consagración total de todas las almas, cada sendero de vida, cada acontecimiento, cada situación y prueba a María. La más fuerte es la consagración que es aplicada con ardor por la misma alma en cuestión. El primer acto de consagración puede ser pronunciado por otra alma, en presencia del alma en cuestión con el mismo fruto, pero la responsabilidad por la aplicación y también por el fruto de la consagración recae en el consagrado mismo. Consagrarnos nosotros mismos a María significa darle las llaves de nuestro auto para que sea Señora sobre él y ella Misma lo dirija para ayudar a determinar nuestro viaje por la vida. Consagrar a un alma que no está presente en la consagración significa poner a María como oficial de tránsito o policía: Ella Misma no conduce, Ella sólo ayuda a despejar determinados caminos para esa alma. No olvidemos nunca que la total consagración a María es una santa alianza entre el consagrado y María. No sellemos esa alianza con ligereza, eso tiene consecuencias para nuestra eterna bienaventuranza y para la bienaventuranza de otras almas.

Uno no hace nacer un niño para despues dejarlo morir de hambre. Ahora bien, la total consagración a María es un renacimiento para nuestra alma, y cada día se espera de nosotros que hagamos reforzar nuevamente este gran acontecimiento en nosotros, al desear intensamente pertenecer total y enteramente sólo a María. No dejemos que nuestro renacimiento de María resulte un fruto que nació muerto, o no lo dejemos nacer si después lo dejaremos languidecer por falta de alimento (alimento= aplicación práctica de la consagración).

Una vez se le presentó a Myriam la total consagración a María simbólicamente en la imagen de un narciso creciendo solo en medio de una niebla densa. La flor es el alma, la niebla celestial es María que cubre totalmente a la flor (la abriga en Su corazón) porque el alma le quiere pertenecer. (Ella se abre buscando la luz). En cuanto el alma se deja “subyugar” por María (se declara de Su posesión) María se ocupa de que el alma cada vez vea menos hacia el mundo. Es como si María protegiera Su propiedad contra la influencia del mundo y coloca una “cortina celestial” alrededeor de ella. La niebla le lleva el agua de la vida a la flor y la alimenta con la inmaterial fuerza del rocío matinal, de modo que se preparará completamente a la luz del sol (Cristo). Es de notar que la flor a mí se me mostró como una lilia pascual, símbolo de la resurreción o sea de la vida eterna. El alma que se entrega totalmente a María será apartada del mundo por Ella, preparada para acoger en sí la plena influencia de Jesús, la Luz del Mundo, y así se le llevará a la vida eterna.

 

EL ESCUDO PARA LA CONSAGRACIÓN A MARÍA

La total consagración a María es una santa alianza entre nosotros y la Señora de las almas. Ella es la perfección misma, la parte débil somos nosotros, porque estamos sometidos a nuestras debilidades.

Cómo podemos asegurar nuestra consagración?

  1. En ofrecer una capacidad cada vez mayor de amar. Nosotros nos podemos entregar a María en la medida en que la amemos (y a María y a Jesús en nuestros semejantes). La ardiente unidad del corazón con María es nuestra garantía para el desarrollo de un amor que nos anima a seguir poniendo en práctica ardientemente nuestra consagración. Contemplemos el cuadro de una concurrida plaza con cientos de personas. De pronto vemos en la multitud a alguien del que estamos enamorados sobre todas las cosas. A partir de ese momento vemos sólo la persona amada, todos los demás parecen no existir más. Así debe ser nuestro estado de ánimo frente a María: estar tan profunda e intensamente enamorados, que a pesar de todas las tormentas del mundo sólo vive en nosotros Su imagen.

    Esto es intensa unidad con María. Este estado de ánimo es como un escudo impenetrable contra distracciones fatales: Ni una sola situación o ni un solo acontecimiento puede destruir nuestra unidad con María. Sólo entonces llegaremos al punto en el que cada momento lo vivimos para María en ardiente entrega y consagración. Recemos por ese fuego en nuestro corazón, María está esperando que estemos más y más enamorados de Ella, para realizar en nosotros grandes milagros. Para proteger nuestro fuego de amor, tenemos qué construir un horno alrededor de él: Tenemos qué proteger la flama contra los vientos y la lluvia provenientes del mundo. Esto nos lleva a nuestro segundo seguro:

  2. En escudarnos contra las influencias del mundo. Cada día, incontables veces será atacada nuestra fortaleza, que es la consagración, por influencias mundanas: desánimo, influencias contaminantes, resistencia, patrón de pensamiento no-cristiano, incredulidad, burla, etc. Nuestras armas grandes contra esas influencias son la consagración de esas influencias a María, oración continua, para poder desarrollar una fe imperturbable y una voluntad férrea de querer permanecer puros y limpios de corazón, espíritu, boca y cuerpo. La oración continua significa en realidad una constante y total apertura del corazón hacia María; de manera que básicamente hacemos todo junto con Ella. Estas son las paredes del horno que resguardará nuestro fuego de amor. El fuego y el horno constituyen juntos el modo de asegurar nuestra total consagración.

  3. En ser ecuánimes. Recemos por ello. La ecuanimidad es el termostato de nuestro horno. María tendría poco provecho de nuestra vida como apóstoles, si nosotros un día tratamos de dar de un modo descontrolado, y con ello quemar nuestras capacidades, de modo que al día siguiente estaremos veleidosos e improductivos. Ecuanimidad y autocontrol constituyen nuestro mayor escudo contra nuestras propias pasiones (estados de ánimo desenfrenados y apasionados).


741. ACTO FUNDAMENTAL DE LA CONSAGRACIÓN A MARÍA

(por Myriam van Nazareth)

Madre celestial María,

yo quiero pertenecerte totalmente a Ti, en todas mis acciones, palabras, pensamientos, sentimientos, deseos y empeños.

Ayúdame a servirte a cada instante de mi vida con amor, pureza, devoción y alegría de ánimo.

Que esta ofrenda de todo mi ser a Ti santifique mi alma y libere al mundo del poder del maligno, para que el reino de Dios venga a la tierra.


Oh Madre, ésta es la muerte bienaventurada que yo ansío: morir sobre la hoguera de mi propio corazón consumido en las flamas del fuego santo, que Tú has encendido en mí, con el espíritu enraizado en luz divina, que Tú me has concedido contemplar, y con mi alma en la que todas las simientes que Tú has esparcido han brotado como flores que llevan Tu nombre. Pues el Cordero habrá calmado toda mi hambre, la sangre de Cristo habrá saciado toda mi sed, la cruz habrá sido una unidad conmigo mediante mi abrazo ininterrumpido. Entonces yo beberé Contigo del cáliz de la boda, del cual mi corazón ya ha probado en los besos con los que has encendido el fuego en mí, en los santos momentos de éxtasis. Oh Espíritu Santo ven pues, para que el fuego de ese deseo queme toda mancha de mi alma; pues yo quiero ser santo(a) para Aquélla que me ha llamdo a ser su exclusiva posesión y propiedad.” (Myriam durante la meditación fervorosa de la oración vespertina, 2 de Noviembre 2003)

“Oh Madre, mediante Tus manos Dios ha depositado la simiente en mí. No voy a descansar hasta que lleguen a ser en mi corazón un vergel florido y yo pueda ofrecer a Dios exhuberantes frutos maduros. Cada persona sufriente que Tú me mandas es un regalo de Dios. El sufrimiento que me es permitido soportar por esa alma es el más grande privilegio de la cámara del tesoro del cielo. Es el anillo de bodas que Tú cada vez realizas en mí”. (Myriam, directamente antes del éxtasis, oración vespertina, 10 de Dic. 2003)

María: “Si las almas comprendieran el poder de la consagración a Mí, depositarían todo a Mis pies, también a sí mismas. Entonces yo podría realmente gobernar sobre todas las cosas y podría pronto desplegar Mi Reino.” (María a Myriam, revelaciones de “María, la poderosa Señora de las Almas”, 5 de Enero 2006)

In voluntate Dei,

Myriam, al servicio de la Señora de las Almas,

Enero 2006